Estos últimos días, al escuchar por la radio algunos fragmentos de la última charla que dio Marcelo Bielsa en el vestuario de Athletic de Bilbao la pasada temporada, he recordado un escrito de hace unos meses en referencia a la figura del topo. La charla fue grabada y posteriormente filtrada a los medios de comunicación por alguno de los allí presentes. Esta profanación, que como dije en su día debería ser censurada por los diferentes miembros del vestuario rojiblanco y su autor señalado públicamente con el dedo, no hace más que seguir empañando la que en su día parecía ser una de las mejores temporadas en la historia del Athletic. No creo que muchos de los jugadores que formaron parte de esa plantilla, merezcan ser cuestionados porque uno de ellos haya osado quebrantar la privacidad del lugar más íntimo de un equipo de fútbol. La propia plantilla debería acorralar al culpable, señalarlo públicamente por su traición y  limpiar así al resto de toda sospecha.

Lo sorprendente de este episodio y en contra de lo esperado por muchos, fue la reacción del propio entrenador argentino. Bielsa, tras la primera emisión en público de una parte de la grabación, argumentó que no lo consideraba algo grave ya que es habitual que, si bien no de forma tan explícita como en el caso de la grabación, algunos jugadores filtren informaciones de dentro del vestuario y éstas sean reproducidas, textualmente algunas de ellas, por algunos periodistas o medios de comunicación. Por mucho que Marcelo no se sorprenda de un episodio así, muy probablemente condicionado por la situación en la que se encuentra tras algunos conflictos con diferentes jugadores, empleados y con el propio club, y sabedor de que no está en la mejor posición, ni deportiva ni de relación con diferentes miembros de la institución para actuar con mayor contundencia, capítulos como este deberían ser erradicados de un deporte que ya posee demasiadas trabas externas como para alimentar polémicas desde el propio seno del vestuario.

En cualquier caso, lo que queda patente es que el topo, muy probablemente cabizbajo y mudo durante la charla, sin argumentos y sin más capacidad de autocrítica que justificar con factores externos su rendimiento o situación personal a aprovechado una situación de debilidad del entrenador y de confusión en el entorno para actuar de manera infame y cobarde. Por su parte, el entrenador de Rosario en su charla asume delante del grupo su responsabilidad por las derrotas, acusa al colectivo duramente por el bajo rendimiento en ambos partidos y señala personalmente con nombre y apellidos a algunos de los jugadores. Un discurso muy diferente y mucho más contundente que el ofrecido públicamente, porque Marcelo Bielsa a diferencia de su súbdito se comporta como un caballero que lava los trapos sucios en una casa que algún millonario prematuro, como él mismo define, le ha profanado.