Hacía tiempo que no veía un partido de alevines, pero desde entonces hay cosas que no han cambiado demasiado. Debo reconocer que la mayor parte del fútbol que veo en directo es de edad juvenil o amateur, pero hoy he asistido a Vilanova del Camí a presenciar un torneo alevín para ver al hijo de un amigo coreano que juega en la UE Cornellà. El torneo, organizado por el Club Esportiu Anoia,  no ha tenido nada especialmente destacado en el apartado estrictamente deportivo, un torneo típico de postemporada con una liguilla de tres grupos por la mañana y la consiguiente fase final por la tarde. Un día de fútbol y goles, como muchos otros, en el que los doce equipos participantes han disfrutado de una jornada deportiva dentro de la más absoluta normalidad en el terreno de juego. Pero en la grada si se que se han producido unos hechos que, aunque desgraciadamente no son nada novedosos, nunca dejan de sorprender a la vez que ensucian el ambiente deportivo que se respira en este tipo de eventos. Se disputaban los dos primeros encuentros de cuartos de final y en uno de los partidos se enfrentaban el CF Mollerussa y la EF Barberà Andalucía. Hasta aquí todo correcto. Pero los padres de los chavales de ambos equipos (¡qué tienen entre 10 y 11 años!) han dejado de ser, como muy bien decía un excompañero mío, lo que debieran ser: aplaudidores y taxistas, y se han convertido en lo que desgraciadamente se transforman en infinidad de ocasiones: personajes salvajes y maleducados. El espectáculo, como suele pasar en estos casos, ha sido bochornoso. Los padres de ambos equipos protestaban airadamente e insultaban al árbitro del partido, un chaval de 18 años y jugador del juvenil A del Club Esportiu Anoia. Un partido, que desde mi total imparcialidad, ya que no tenía ninguna preferencia por ninguno de los equipos participantes en el torneo, se ha desarrollado desde el punto de vista arbitral dentro de la más absoluta normalidad. No han existido situaciones de posibles penalties, no se han producido jugadas de dudosos fueras de juego, no han habido entradas violentas por parte de ninguno de los dos equipos…, lo que si ha existido una vez más y de forma totalmente injustificada, es un comportamiento por parte de los padres propio de gente energúmena y maleducada. Pero el ‘show’ no había hecho más que comenzar, y es que otro chico de la organización ha tenido la brillante idea de acercarse a la grada a reprender a los padres por su actitud y pedirles que por favor dejaran de insultar al árbitro. Y aquí ha aparecido, entonces, una especie ‘humana’ que es muy común en las gradas de los campos de fútbol: el padre ‘gallito’, que jaleado por la madre ‘gallina’, alborotada y encendida ésta por las injusticias que está sufriendo su hijo en el campo, anima al padre para que se enfrente a todos aquellos personajes que tienen la osadía de cometer o defender aquella atroz sinrazón y además no entender su malestar y sus ejemplares actitudes. Varios de estos especímenes aparte de encararse e increpar al personal de la organización, han seguido con su retahíla de improperios al joven árbitro que de vez en cuando miraba de reojo la esperpéntica situación que se vivía en la grada con cara de asombro y temor. Pero la fiesta gitana aún no había finalizado. Una vez acabado el partido, uno de los padres de la EF Barberà Andalucía (equipo ganador del enfrentamiento) saltó al campo en busca del árbitro y tuvo que ser sujetado por uno de los pocos hombres sensatos que parecía haber en esa zona de la grada. Mientras, los jugadores del CF Mollerussa, contagiados y arropados por sus padres, protestaban e insultaban al joven Sergi Muñoz, que abandonaba el terreno asustado y con los ojos cristalinos, envuelto entre gallos, gallinas y polluelos que le seguían dedicando todo tipo de ‘piropos’.

Una jornada de fútbol empañada, una vez más, por aquellos incívicos padres que debieran ser única y exclusivamente aplaudidores y taxistas. Y un espectáculo, el vivido hoy en Vilanova del Camí, que mi amigo coreano no entendía y asombrado ante lo que estaba presenciando me repetía una y otra vez: “the spanish parents are crazy”.