Siempre he tenido la inquietud, aunque debo reconocer que cada vez menor, de complementar mi formación como entrenador leyendo libros sobre diferentes metodologías. Y es que cada día tengo más claro que el modelo de juego de cualquier entrenador se aprende, se perfecciona y evoluciona mediante la visualización del trabajo de otros entrenadores, la experimentación en el campo y los feedbacks con compañeros, jugadores y exjugadores. Debe de haber tantas metodologías como entrenadores y además lo más importante de cualquier método y lo que realmente marca la diferencia, los detalles, no se explican normalmente en los libros.

No sé si sería capaz de mencionar dos o tres cosas que haya aprendido en los cursos de entrenador, que considero que son un mero trámite económico y administrativo. Lo más destacable de los tres cursos de rigor es la gran experiencia vivida al cursar el Nacional en la ciudad de Melilla, pero más por la convivencia y el feedback diario con compañeros de profesión que por los conocimientos adquiridos.

El entrenamiento de fútbol está en continua evolución y son varias las formas o estilos de trabajo que llevan a un equipo a comportarse y competir con garantías y como un entrenador o cuerpo técnico desea. Hace unos meses hablando con un amigo preparador físico me decía en relación a las cargas de trabajo que un equipo sino haces barbaridades se acaba adaptando a las cargas de trabajo que le marques y no es especialmente relevante que la serie de trabajo dure 8, 10 o 15 minutos o si el descanso es de 30” o 10”. Vamos que el entreno tenga una lógica, una estructura y un sentido común. A nivel táctico intuyo que sucede lo mismo, con una dosis de lógica, una buena estructura, siempre abierta y dispuesta a evolucionar y ser perfeccionada, y sentido común una metodología es apta para llevar a cabo el modelo de juego que un determinado entrenador desee. Me sorprende la gran cantidad de libros publicados en los últimos años, pero me sorprende aun más la gran cantidad de libros de nivel elemental y cargados de una retórica simple que inundan las librerías deportivas. Cada vez tengo más claro que si alguien no quiere morirse sin publicar un libro solo tiene que escribirlo sobre fútbol, sueño cumplido.

El tema de la periodización táctica merecería un apartado especial. Creo que es una metodología interesante y como base teórica y metodológica tiene un uso bastante práctico, pero de ahí a hacerla un dogma de fe, usarla como la única verdad o la mejor de ellas y rechazar o menospreciar cualquier otra forma de trabajo me parece excesivo. Más aun cuando muchos de los que defienden dicha metodología como la más actual deben leerse hasta tres veces los libros para entender el prólogo y el primer capítulo. Otro tema que no deja de ser curioso es que muchos de los que creen trabajar bajo los parámetros de la famosa periodización táctica y no solo lo creen sino que presumen de ello, lo más parecido a la periodización táctica que realizan es que en algunas tareas les pronuncian a sus jugadores la palabra táctica. Eso por no hablar de la retahíla de conceptos, subconceptos y conceptos de los subconceptos que no se acaban de entender tras diecisiete lecturas del capítulo pero que uno utiliza a diario con su equipo y domina a la perfección porque al final el fútbol es más sencillo de lo que parece. Claro que siempre es más bonito decir que ayer mi equipo de alevines realizó una sesión de trabajo en la que elaboré unas tareas bajo el principio de las propensiones. ¡Toma ya!.

Los futbolistas cada vez tienen menos nivel técnico porque les faltan horas de calle y les sobran horas de videoconsola y redes sociales, pero a muchos entrenadores nos sobran también muchos pajaritos en la cabeza, horas de libros redundantes y recopilación de tareas varias en internet y nos faltan horas de estudio en los campos de fútbol y conversaciones con gente que nos puedan aportar cosas mucho más interesantes que muchos libros de autores que, a la gran mayoría de ellos, dudo verlos algún día triunfando en un banquillo. Y es que desgraciadamente, los que podrían aportar cosas verdaderamente interesantes no están por la labor de escribir libros o simplemente no les interesa publicarlo.