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Patricia Ramírez

Licenciada en Psicología, Máster en psicología clínica y de la salud y doctorado en el Departamento de personalidad,  evaluación y tratamiento psicológico de la  Universidad de Granada.

He sido psicóloga deportiva del Real Betis Balompié, antes del RCD Mallorca, y de muchos otros deportistas individuales, nacionales e internacionales.

Colaboradora en un espacio de psicología en Para todos la 2, soy articulista de El país semanal y colaboradora de otros medios de comunicación como el Huffington Post.

Coodirectora del Máster de psicología deportiva y del ejercicio físico del Colegio Oficial de Psicólogos de Andalucía Oriental.

Conferenciante de ponencias sobre optimismo, actitud y autotelia.

Ser un líder Pigmalión que potencie en tus jugadores “Saber Competir”

Si hay algo que admira un entrenador en sus jugadores, es la capacidad para COMPETIR. Saber competir implica ser contundente en el juego, intenso, no dar un balón por perdido, jugar con ambición, con estrategia y con mucha inteligencia. Incluye sobreponerse a las adversidades, ser frío y mirar por los intereses personales y los del equipo. Significa ser un guerrero, un luchador, no tener límites ni techo, quererlo todo y quererlo siempre.

La preparación de un jugador que quiere llegar a lo más alto y destacar implica pulir su talento hasta convertirlo en algo excepcional. Y este proceso se vuelve cada vez más exigente y complejo. Entrenamos la estrategia, la técnica, buscamos la nutrición perfecta, y cada vez son más las disciplinas que nos rodean y nos hacen ser cuasi perfectos para poder competir al mejor nivel.

En el terreno psicológico, un deportista tiene que ser capaz ante un partido, de dar lo mejor de sí mismo. No se juega por el simple hecho de participar. Se va a competir, a ser bueno, buenísimo y mejor, a cumplir con el sueño de niño que desea ser futbolista, aspirar a lo máximo. Como entrenador tienes la obligación de sacar lo mejor de los tuyos y de ayudarle en cada entrenamiento y cada partido para que se sienta seguro y capaz.

¿Te has preguntado como entrenador, qué parte de responsabilidad tienes tú? ¿Cómo puedes ayudar para que compitan mejor? Manejando la comunicación y el sentido común puedes ayudar a los jugadores a ser mejores de lo que son. Un aspecto que te permite potenciarles, es el ejercicio de un liderazgo positivo. El buen líder es un Pigmalión, un gestor de grupos que es capaz de sacar más de los chicos, de descubrir su potencial, técnico y personal, y hacerles creer que pueden llegar más allá de lo que imaginan. Cuando comunicas a través de tu aliento y ánimo, lo que esperas de los jugadores, terminas condicionando su comportamiento, tanto positivo como negativo. Si esperas algo bueno, si tienes fe, si les motivas guiándoles hacia el éxito, contribuirás a la seguridad y confianza de tu equipo. Si transmites esperanza, obtendrás esperanza.

Para ser un gran Pigmalión necesitas:

  1. Desplegar un radar que dirija la atención a la detección de todo “lo bueno”, tanto a nivel técnico como de actitud.
  2. Reforzar cualquier aspecto positivo que detectes con el radar. A pesar de que entrenar bien, hacer buenos centros o querer ganar sean comportamientos que un futbolista debe tener, no está demás que los elogies. Toda acción que se elogia tiene a repetirse, y además favorece la seguridad y confianza del jugador.
  3. Corregir con sosiego, con buenas palabras, criticando la conducta y no a la persona. No se dice “no entiendes nada, para qué coño doy yo las explicaciones”, mientras que si se dice “no sé si me he explicado bien, me gustaría que todos estuvierais atentos y así todos sabremos qué tenemos que hacer en el campo”.
  4. Trata de comunicarte y respetar tanto al que juega como al que no lo hace. Todos los jugadores necesitan sentirse importantes y ser partícipes del objetivo grupal. Nunca sabes cuándo los vas a necesitar.
  5. Da la cara, sobre todo con los que juegan menos. A veces los entrenadores creen que sobran explicaciones y que todos deberían saber por qué no son convocados, pero no es así. La percepción de un jugador no es la misma que la que tiene el entrenador. Sé sincero, habla con él. Todos valoran que vayas de frente y tengas sinceridad para decir por qué no está siendo convocado.
  6. Valora los esfuerzos. Puede ser que no tengas a alguien con un gran talento técnico, pero seguro que destaca en algo, seguro que tiene otro tipo de virtudes. Si dejas de valorar la actitud, el compañerismo y otros valores grupales, puede ser que el jugador entienda que no es importante para ti y deje de hacerlo.
  7. Sé franco con la comunicación. No des vueltas, sé directo y habla en términos positivos. Es preferible decir “podemos ser más intensos y trabajar más, tenemos que defender todos” que “no habéis corrido ni defendido, así no llegamos a ningún lado”.
  8. No hagas juicios de valor, no aportan nada y a nadie le gusta sentirse juzgado ni humillado.
  9. Escucha a tus jugadores. Nadie conoce mejor su puesto de trabajo que el que lo ejerce. Lo que puedan aportar respecto al juego y al trabajo indica implicación por parte de ellos. Puedes poner en prácticas sus opiniones o no, pero hacerles partícipes y escuchar es una virtud de los grandes líderes.
  10. Saca la cara por ellos y asume responsabilidades grupales. No los dejes nunca con el culo al aire. Lo que tengas que corregir hazlo en privado y a nivel individual.
  11. Establece objetivos desafiantes e invierte esfuerzo en conseguirlos. Transmíteles confianza y seguridad. Da mensajes en términos “podemos hacerlo”, “sabemos competir”, “estamos preparados”.

Estos consejos son importantes siempre, los jugadores por encima de futbolistas son personas. Pero cobran más relevancia dependiendo de la edad. Juzgar, humillar, faltar el respeto o gritar a niños y adolescentes puede tener un impacto en su autoestima y seguridad. Ser el líder del grupo no te confiere poder para dirigir y tratar a la gente con dureza. Mi experiencia me dice que los jugadores valoran más a la persona franca, directa, sosegada y humana, que a otro tipo de personalidades desafiantes, poco transparentes y agresivas, con las que no saben de “qué van”. Practica la empatía y antes de hablar y actuar piensa en cómo le impactaría a tu hijo un discurso, unas declaraciones o las palabras que vas a utilizar.

Patricia Ramírez Loeffler

@Patri_Psicologa

                          

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Adiós currante

Ayer, poco antes de la medianoche, falleció el entrenador de fútbol Manolo Preciado. Pocas horas después de que el Villarreal CF hiciese oficial su fichaje para la próxima temporada, nos dejaba un entrenador campechano que tuvo el mérito de labrarse con constancia y trabajo su carrera deportiva hasta llegar a lo más alto, atravesando momentos a nivel personal difíciles de digerir y de superar. Ha tenido la capacidad  de empatizar con la gente  por su sencillez y autenticidad, era de esas personas que caían bien a todo el mundo más allá de los colores. Hace unos meses escribía sobre Manolo y hablaba de lo injusta que me pareció su destitución al frente del Sporting de Gijón esta pasada temporada. Su pérdida anoche me parece mucho más injusta. En un país que tiene el demérito de catalogar como buena persona a todo aquel que fallece, en este caso con la muerte de Preciado si que considero que se va un individuo íntegro, de esos que no dejan indiferente a nadie y buena persona.

Al poco de ser destituido realizó una ruta visitando a algunos excompañeros de profesión como Pep Guardiola, Mauricio Pochettino o José Mourinho, con el que tuvo una agrio enfrentamiento público durante la competición. Manolo visitó en Valdebebas al portugués y limó asperezas, dejando patente su humildad y su personalidad sencilla. Era un trabajador, una persona que conocía la competición y que tenía claro que algunas cosas se quedan en el campo o en las ruedas de prensa. Es curioso que, aunque el motivo fuese otro, estas visitas parecen hoy día una despedida de algunos de ellos ante lo que desgraciadamente acabaría sucediendo en Valencia la pasada noche.

Tengo desde hace algún tiempo la angustiosa sensación de que mucha gente que realmente vale la pena se van demasiado pronto. Manolo Preciado nos deja, pero seguirá con nosotros el recuerdo de un excelente entrenador y mejor persona. Descansa en paz currante.

Hace algunos años un amigo viajó a la Patagonia. A la vuelta, en una cena junto a otro amigo en común nos explicaba las aventuras y experiencias vividas en su travesía en Argentina. Durante la conversación me llamó la atención una de sus excursiones en la que decía haberse perdido y tras varias horas de camino, cuando estaba a punto de oscurecer, exhausto y desorientado encontró una cueva donde poder refugiarse y pasar la noche hasta que con la luz del nuevo día pudiera retomar su andadura. Explicaba que se asustó al vislumbrar una tenue luz al fondo de la guarida y que avanzó sigilosamente hasta el lugar de donde procedía la luz entre la oscuridad de la cueva. Al llegar al final se encontró con una mujer joven y rubia de ojos claros que lo miraba fijamente con cara de sorpresa, como si hiciera tiempo que no veía a nadie. Nunca había visto una mujer tan bella, relataba, y jamás imaginó que pudiera encontrarla en un lugar así y en esas circunstancias. Pasó la noche charlando con la mujer y al amanecer y orientado por ella siguió su camino despidiéndose de la que fue la mujer y la experiencia que marcó aquel viaje. El otro amigo que nos acompañaba en la velada al oír la historia e impactado por el relato decidió a los pocos días emprender hacia la Patagonia en busca de la misteriosa y bella mujer de la cueva. Y nuevamente, al regresar éste de su viaje volvimos a encontrarnos para compartir su aventura. Su experiencia allí fue muy similar a la del primero de mis amigos, localizó la cueva y se adentró en ella, pero al llegar al final se encontró algo totalmente diferente a lo que esperaba ver. Al fondo de la caverna había una mujer anciana, arrugada y encogida por el paso de los años, de ojos oscuros, mirada melancólica y voz apagada. La única similitud era el nombre de las dos mujeres, ambas se llamaban Realidad.

Es paradójico que ante una misma realidad, en ocasiones, la gente tenga percepciones tan diferentes de ella. No es que uno de los dos mintiese, imagino que los dos fueron sinceros y contaron a su regreso a Barcelona aquello que vieron, pero la realidad, muchas veces, cada uno la ve como quiere verla absorbido por diferentes motivos, entre ellos nuestra forma de entender la vida o nuestros conocimientos e ideología. Nos es por tanto de extrañar, que siendo cada uno un ser diferente formado y condicionado por aquello que creemos como cierto y absoluto veamos una misma realidad desde perspectivas totalmente opuestas. El problema es cuando vemos una mujer rubia y volvemos explicando que lo que vimos es una anciana o a la inversa. Porque en situaciones así pueden pasar tres cosas, que el que relata el suceso esté ciego, que no tenga ni idea de aquello que está viendo y por consiguiente, debido a su ignorancia, tenga una interpretación errónea y distorsionada de la realidad o que sea un vendido. Las dos primeras son perdonables, tanto el ser ciego como el ser un ignorante tienen una justificación, pero en la tercera de ellas nos encontramos con gente que ve una cosa pero dice o escribe lo contrario.

Los entrenadores de fútbol, debido a algunos intereses, sufrimos en ocasiones estas distorsiones de la realidad, en las que independientemente de lo que hagamos o hagan nuestros equipos la etiqueta es siempre la misma, ya sea ésta positiva o negativa. Hace unos años estuve a punto de estudiar Periodismo, algo de lo que no me arrepiento porque en los tiempos de crisis en los que vivimos, resultaría muy tentador aceptar un puñado de euros a cambio de volver de la Patagonia diciendo que he visto a una bella mujer rubia cuando lo que en realidad he visto es una vieja decrépita.

¡Qué jueguen los mejores!

Cualquier profesional o aficionado reconoce que la competición más exigente, la más justa y aquella que premia al equipo más regular es el campeonato liguero, pero la mayoría reconocen a su vez que el título que tiene más glamour de todos los que se disputan a nivel de élite es la Champions League. La antígua Copa de Europa es, sin duda, la joya de la corona del fútbol europeo y su consecución el principal objetivo de cualquier equipo que aspire a ganarla. La ‘orejona’ es la que más gusta a todo futbolista, entrenador, directivo o seguidor y brilla de forma especial en todo aquel palmarés que la posee.

Dentro de unos días se disputará la deseada final en el estadio Allianz Arena de Múnich. Los elegidos, el Chelsea inglés y el Bayern de Múnich alemán. Ambos lucharán por adjudicarse el 57º título en juego, el que podría ser el primero para los ingleses y el quinto para los bávaros. Cualquiera de las aficiones del equipo victorioso recordará de memoria durante años, muchos probablemente toda la vida, el once inicial de su equipo en dicha final. La foto de los once titulares formará parte del decorado de infinidad de bares, oficinas y casas. Pero hay algo que desluce, en parte, este atractivo partido: el sistema de sanciones impuesto por la UEFA impedirá disputar la final a varios jugadores de uno y otro equipo. Ambas escuadras llegan a la cita de Múnich con importantes bajas en sus filas. Ninguno de los dos entrenadores podrá alinear al once que formaría si tuviese disponibles a todos sus hombres. Dicho organismo debería recapacitar y por el bien del fútbol y de su máxima expresión, reconsiderar este punto de la normativa y dejar sin efecto para la gran final a los jugadores sancionados por acumulación de amonestaciones. Es lógico un sistema acumulativo de tarjetas amarillas en el curso de la competición, y lógicamente en acciones como la de John Terry que se perderá la final de forma tan absurda como merecida u otras acciones sancionadas con tarjeta roja, pero me parece totalmente desproporcionado que un jugador no pueda disputar una final europea por la acumulación de dos tarjetas amarillas, más allá de que muchos jugadores disputen totalmente condicionados el partido de vuelta de semifinales por encontrarse apercibidos de sanción. Que un equipo como el Chelsea después de hacer el esfuerzo titánico de eliminar a uno de los grandes favoritos y plantarse en la final rompiendo la mayoría de pronósticos, llegue a la final en cuadro por las bajas de Raúl Meireles, Vladislav Ivanovic y Ramires (además de la ya citada de John Terry) hace un flaco favor al fútbol y desluce un espectáculo que debería ser potenciado precisamente por el organismo que gestiona y decide la normativa vigente. Por su parte, el Bayern, después de hacer lo propio con el otro gran favorito a llegar a la final, no podrá contar con David Alaba, Holger Badstuber y Luiz Gustavo por el mismo motivo. Que un futbolista se pierda una final por la acumulación de dos amonestaciones me parece una gran injusticia. Por el bien de un espectáculo que están en la obligación de proteger,  en las grandes finales, como pasa en muchos otros deportes, deberían jugar siempre los mejores.

Camino a Roma

Todos los caminos conducen a Roma. O al menos eso creen aquellos que tienen la esperanza de llegar algún día. Sin embargo, los paisajes y lo abrupto o llano del paso son diferentes en unos y otros recorridos. En el mundo del fútbol, como en el acceso a la que fue capital del Imperio Romano y hoy capital de Italia, hay varios caminos también para llegar a lo más alto, aunque son principalmente dos los senderos que te conducen al final del recorrido. Uno liso y de bellos paisajes, con guías en el trayecto que te facilitan la travesía y te orientan en los momentos de dificultad o desorientación y otro algo más escabroso y duradero, con pocos aliados en el camino y de paisajes menos lozanos. A priori, parece descabellado decantarse por la segunda ruta cuando la primera parece ser mucho más accesible, pero algo de razón tendrán los que optan por descartar la primera de las vías y seguir el segundo de los caminos. Probablemente, algunos no estén dispuestos a pagar los peajes del primer itinerario y opten, ya sea por pudor o ya sea por dignidad, por el otro trayecto, aun sabiendo de su mayor dificultad. Pero, ¿y si el segundo viaje no permite llegar a Roma?. Si es así, podríamos optar por la también lujuriosa Grecia y llegar al destino con la dignidad íntegra, cambiando los peajes por prácticas realizadas por puro placer.

La pasión de Marcelo Bielsa

Aunque resulte casi pecaminoso reconocerlo, lo cierto es que quitando a los dos grandes de la Liga, el equipo que probablemente mejor ataca y mejor defiende es el Athletic de Marcelo Bielsa. Y digo que puede resultar pecaminoso porque el entrenador argentino es un entrenador extremadamente metódico que trabaja con ejercicios analíticos todos y cada uno de sus principios del juego y repite de forma sistemática una y otra vez diferentes automatismos ofensivos y defensivos. El campo de entrenamiento está siempre delimitado con cintas, conos y picas y las prácticas analíticas son la base de su trabajo, algo que la mayoría de entrenadores rechazan desde hace temporadas apostando por una evolución del trabajo de campo enfocado hacia la globalidad y la práctica de tareas integradas en las que se fomente siempre la toma de decisiones y la creatividad del jugador y entendiendo, por tanto, cualquier práctica analítica como algo obsoleto. Lo cierto es que los métodos de entrenamiento en fútbol evolucionan, como en cualquier otra disciplina, pero creo que habría que tener en cuenta dos aspectos importantes:

  • En primer lugar, no se deberían ignorar determinadas ideas o prácticas que no solo pueden enriquecer  la nuestra propia sino que pueden ser igual de válidas. Es fácil dejarse llevar por corrientes mayoritarias pero no deberíamos ser totalitarios a la hora de entender el entrenamiento de fútbol o juzgar el trabajo de los demás, sobretodo si desconocemos detalladamente el método y nos contagiamos, a veces por ignorancia o por un nulo ejercicio de reflexión y de comparativa, de lo que nos venden como exclusivo y actual. Hay tantas metodologías como entrenadores. Un entrenador debe tener unas ideas, ser fiel a ellas aun en los momentos difíciles (los inicios del Athletic, por ejemplo, fueron muy complicados a nivel de resultados y el método del argentino muy cuestionado entonces) y no creer que su metodología es la más acertada o actual porque existen otras ideas también razonadas. Son muchos los caminos o formas de trabajar que te pueden llevar a un mismo objetivo y es bueno estar siempre dispuesto a aprender de otras teorías.
  • Y en segundo lugar, deberíamos entender que cuando las cosas se hacen desde el trabajo, la constancia, una profesionalidad casi enfermiza, la reflexión, el estudio minucioso y desde un amplio conocimiento del juego y de su entrenamiento en todas sus facetas (aunque sea contrario a la mayoría por considerarlo anticuado o transgresor) normalmente tienen un razonamiento, unos argumentos tan de peso como cualquier otra metodología y una fase de experimentación contrastada tan respetable como otra cualquiera.

Campo de entrenamiento del Athletic de Bilbao en Lezama

A Marcelo Bielsa se le pueden cuestionar aspectos como a cualquier entrenador, pero es evidente que ha abierto un amplio debate a nivel metodológico en fútbol y ha conseguido que su equipo sea respetado en la Liga española y en Europa por juego y por números. Se podría calificar de muchas formas su trabajo y su trayectoria pero hay una cosa innegable y es la gran personalidad y valentía de un entrenador que cree firmemente en sus ideas y muere con ellas. El entrenador argentino transmite en su trabajo y en la forma de vivir este deporte una pasión que, además de aportarle una gran credibilidad a todo lo que hace,  merece el reconocimiento, la admiración y el respeto del mundo del fútbol.

La (in)cultura del cese

Cada temporada son varios los entrenadores cesados en las diferentes categorías del fútbol estatal. Hace unos días, en Inglaterra, el director ejecutivo de la asociación de entrenadores, Richard Bevan, declaró que le parece una vergüenza lo que se está haciendo en su país con los entrenadores y concretamente en el Chelsea, donde desde el 2003 que Abramovich es el dueño del club londinense han desfilado ocho entrenadores, de los cuales solo Guus Hiddink se marchó tras finalizar su contrato. Esta situación, que tanto sorprende y violenta a muchos estamentos y personalidades inglesas, los cuales tienen una forma de entender este deporte muy diferente a la nuestra, es desgraciadamente parte de la cultura de nuestro fútbol. El baile de entrenadores es una constante temporada tras temporada y disfraza, temporalmente, algunas miserias fruto de malas gestiones deportivas y económicas por parte de directivos y directores deportivos. Es posible que en determinados casos, la solución por algún motivo relacionado con  la mala gestión de un vestuario o, porque no, por la incompetencia de algún entrenador la solución sea el cese, provocando un cambio de rumbo y sabia nueva, pero en la mayoría de casos no solo no se respetan los plazos lógicos que cualquier equipo necesita para madurar y asimilar los conceptos de un determinado entrenador sino que es el comodín más fácil del que disponen algunos directivos que se dejan aconsejar por el diablo o que pierden los papeles por un puñado de pañuelos y pitidos al palco tras una serie de resultados negativos. Directivos con pulso de anciano que no son capaces de apostar por la continuidad de su entrenador en momentos difíciles por los que todo club atraviesa en algún momento de la competición.

Hay dos casos esta temporada que me parecen asombrosos. Uno es la destitución de Fabri, exentrenador del Granada CF, en el primer partido de la segunda vuelta. Fabri, un entrenador con una dilatada carrera en clubes humildes se hizo cargo del Granada en la 2a división B y en dos temporadas lo ascendió a Primera división. No hace falta tener unos grandes conocimientos en gestión deportiva para entender que el Granada con Fabri o sin Fabri es uno de los equipos, a nivel estructural y económico, más humildes de la categoría. Sin embargo, este argumento no sirvió para mantener en el cargo a un entrenador que había ascendido al Granada durante dos temporadas consecutivas hasta la máxima categoría. El otro caso es el del currante Manolo Preciado, un perfil de entrenador campechano, profesional, con experiencia no solo en la élite sino en situaciones límite y que llevaba varias temporadas logrando la permanencia con el modesto Sporting de Gijón sorteando mil dificultades y saliendo siempre airoso al final de curso. Me resulta surrealista como en ambos casos y en muchos otros impera aún la creencia de que la falta de presupuesto, la mala gestión deportiva o incluso las limitaciones lógicas de clubes modestos cuyo único objetivo es salvar la categoría, a sabiendas de que eso pasa por sufrir durante todo la temporada y ocupar en algunas fases del campeonato las posiciones de descenso, se soluciona con la destitución de sus entrenadores y la contratación de un entrenador que parece venir con una varita mágica debajo del brazo y que casualmente siempre, o casi siempre, es de un perfil similar: un entrenador mediático y con buenos ‘padrinos’ que aconsejan al presidente de turno y le venden cantos de sirena.

Posiblemente Javier Clemente entrene gratis al Sporting de Gijón, pero a Manolo Preciado no le hubiese venido nada mal que con el dinero que cobra el entrenador vasco le hubiesen contratado un buen delantero en el mercado de invierno. Cuando faltan grandes dosis de realismo en las cúpulas de los clubes de fútbol, el dinero se invierte tarde y con prisas y uno no se hace la pregunta de quiénes somos, cuál es nuestro presupuesto y contra quién estamos compitiendo a veces se toman decisiones, ya no solo injustas y agresivas para los que conocemos algunos entresijos de este deporte, sino que son decisiones que acaban siendo pan para hoy y hambre para mañana.

A pesar de que son muchos los equipos que presumen de apostar por la cantera y nutrir a su primer equipo de jugadores formados en las categorías inferiores, lo cierto es que el único referente a nivel de élite que se nutre, no mayoritariamente sino en su totalidad, de futbolistas de la cantera es el Athletic de Bilbao. Por eso, resulta mucho más admirable su clasificación para los cuartos de final de la Europa League eliminando a un poderoso equipo como el Manchester United y haciéndolo en ambos encuentros con una contundencia y un nivel de juego digno de un grande. Si a esto le añadimos su notable clasificación en la Liga y que es finalista de la Copa del Rey, la temporada de un equipo formado exclusivamente con jugadores de Euskal Herria, independientemente de como finalice, es ya todo un éxito.

Que el País Vasco es un territorio diferente y que mucha de su gente se siente diferente al resto del estado español es algo tan respetable como sabido. Pero si ese sentimiento se traduce en que uno de sus equipos de fútbol compite solo con jugadores de casa contra el resto de equipos de España y de Europa es una forma loable y sincera de mostrar el sentimiento de un país a través del fútbol, lo que hace que los seguidores de Athletic se vinculen mucho más si cabe con sus jugadores y con su equipo de fútbol. Con ese equipo de fútbol que juega con jugadores que se llaman Aitor, Julen o Patxi se sienten más representados e identificados que simplemente por unos colores, un escudo y una bandera que defienden deportistas de otras nacionalidades y que están de paso por mucha apología que se haga desde el club en intentar representar un territorio por cuestiones políticas o ideológicas. Y además lo hacen con una sentida convicción, porque puede resultar oportunista destacar la política del Athletic en una situación como la que viven actualmente, pero en las muchas ocasiones que han rozado los puestos de descenso, en parte perjudicados por no poder reforzarse como el resto de equipos, han seguido siendo fieles a su idea y han mantenido de forma firme sus ideales y su estructura deportiva.

En un mundo global, donde las fronteras son cada vez más estrechas son numerosos los futbolistas que cambian de país para competir en otras ligas y muchos los equipos  que cuentan con gran cantidad de deportistas foráneos en sus filas, mucho más después de la aprobación de la Ley Bosman, pero la opción del Athletic no solo es tan válida como cualquier otra sino que es una estructura ejemplar y que debería hacer reflexionar a muchos clubes que desembolsan grandes cantidades de dinero, en ocasiones por jugadores mediocres, en un tiempo de crisis económica a nivel mundial. Ver ayer tarde el derroche de energía de los ‘leones’ en un San Mamés hasta la bandera, con una presión defensiva durante noventa minutos que  maniató por completo al equipo inglés, desplegando un gran juego y generando infinidad de ocasiones de gol y escuchar a Sir Alex Ferguson reconocer tras el partido de ida que, una vez analizado el partido de Old Trafford, el equipo vasco era el que más había corrido en Manchester en muchos años es un placer a la vista y al oído para aquellos que sentimos el fútbol como algo más que un deporte.

Demasiado castigo

El portero espera nervioso e impaciente el once inicial de su entrenador mientras se ata los cordones de las botas. Sus ojos se iluminan cuando después de meses de espera la alineación empieza por el 13 y no por el 1. El capitán de su equipo lo besa y lo felicita antes de salir a calentar. El césped tiene otro olor cuando sale a calentar como titular. Los minutos de calentamiento pasan lentamente. Hoy es el día en el que estrena titularidad en partido oficial con su equipo y en la categoría. Uno de sus compañeros entra al área a recoger un balón, lo mira con complicidad y le desea suerte. Acaba el calentamiento y ya en el vestuario se emociona al escuchar su nombre por la megafonía. Los compañeros deben avisarle para hacerse la foto cuando al salir al terreno de juego se va directo a la portería. Tras el sorteo hay cambio de campo y los poco más de cien metros se le hacen interminables. Y ahora sí, empieza el encuentro y desde la distancia ve el saque inicial del adversario. El balón llega a uno de los centrales y éste busca un lanzamiento largo en dirección a su delantero centro. La trayectoria de balón gana la espalda de sus centrales y el punta se planta solo ante él a los pocos segundos del inicio de partido. No tiene tiempo para pensar, de forma instintiva se lanza a los pies del delantero y éste cae dentro del área. El pitido del árbitro le resulta aterrador. Éste señala el punto de penalti y al portero se le viene el mundo encima. Roja y expulsión. De camino al túnel de vestuarios maldice su suerte y llora de rabia tras una acción que destroza todo el trayecto recorrido hasta el día de hoy. Ya en la ducha visualiza el lance del juego y no entiende lo desmesurado de la sanción. Sus compañeros jugarán con diez gran parte del partido, un compañero suyo deberá ser sustituido para que entre el portero suplente, el rival lanza una pena máxima, él se perderá este encuentro y la semana siguiente deberá cumplir el correspondiente partido de sanción. Demasiado castigo para este tipo de acciones.

¿Nuevas tecnologías?

La semana pasada, en la Liga Italiana, se produjo una de esas jugadas que vuelven a sacar a la palestra el uso de nuevas tecnologías que complementen algunas de las decisiones  que toman los árbitros en jugadas puntuales. Muntari, el centrocampista ghanés del AC Milán, remató a la portería de la Juventus y el portero bianconero Buffon desde el suelo sacó el esférico desde dentro de la portería. El gol, en caso de que los árbitros lo hubiesen concedido, hubiera supuesto el 2-0 del Milán que acabó empatando el encuentro tras gol de Matri en las postrimerías del partido.

Aún se me atraganta el hecho de que las nuevas tecnologías formen parte del arbitraje de un partido de fútbol. Quizá porque soy demasiado clásico para las tradiciones y las esencias del fútbol pero creo, por diferentes motivos, que no sería una buena idea. Y más tratándose del deporte más subjetivo de todos con mucha diferencia. Hace unas semanas en El Sadar de Pamplona hubo un gol anulado al FC Barcelona. Después de ver las imágenes en repetidas ocasiones es difícil precisar si Sergi Roberto peina o no peina el balón antes de que llegue a los pies de Alexis que acaba marcando gol. Tras visionar la jugada desde diferentes ángulos y a diversas velocidades es complicado apreciar si llega o no a tocar el esférico. Eran muchos los que opinaban que sí lo hizo, pero muchos otros opinaban que no (incluso árbitros o ex-árbitros tenían diferentes opiniones acerca de la misma jugada). Lo mismo sucedió hace poco más de un año en partido de Copa del Rey entre el Sevilla FC y el Real Madrid en el Sánchez Pizjuán, con un gol fantasma del equipo sevillista que dio la vuelta al mundo, nuevamente con opiniones opuestas sobre la misma jugada por gentes de diferentes estamentos más o menos cualificados. Ya no digamos acciones dentro del área en las que ante una misma jugada el propio cuarteto arbitral puede tener diversidad de criterios. Cuando argumentaba que el fútbol es el deporte más subjetivo del mundo no lo es solo por la cantidad de gente que opina sobre él con diferentes intereses o preferencias y por la dimensión mundial que éste tiene sino porque el reglamento de fútbol y muchas de sus acciones o normas entran en un parámetro subjetivo que forma parte del criterio del árbitro y éstos interpretan la acción ante un mismo reglamento desde perspectivas diferentes. Es decir, el criterio del árbitro es tan amplio para juzgar determinadas acciones que dos árbitros de la misma categoría y de la misma territorial pueden tener opiniones totalmente opuestas sobre si una jugada dentro del área es penalti o no lo es. Algo que paradójicamente forma parte de la idiosincrasia del fútbol y lo hace tan polémico y tan pasional.

Cuando se pide la utilización de las nuevas tecnologías no sé si realmente se tienen en cuenta estos aspectos. No me imagino un partido deteniéndose cada cierto tiempo para que el cuarto árbitro después de visionar la jugada en cuestión por un monitor de televisión decida si es gol o no lo es o si es penalti o no. Luego sería importante dejar claro también que jugadas son merecedoras de ser re-arbitradas y que jugadas no. No me quiero imaginar un encuentro con los entrenadores pidiendo la opinión del cuarto o quinto árbitro cada jugada a balón parado por posible agarrón o agresión a uno de los suyos. ¿Quién decidiría entonces si la jugada es digna de ser valorada por televisión o no? ¿el árbitro?… nuevamente el criterio arbitral. Podría pasar que considerara que una jugada no merece ser visionada y falle en su decisión y en otra que decida valorar, su compañero reafirme su decisión. ¿Sería el cuarto árbitro quien le dijera por el pinganillo que ha sido penalti o ha sido gol legal en un determinado momento y según su propio criterio, el cual puede diferir de la opinión del propio árbitro visionando nuevamente la jugada en el descanso o tras el encuentro?. Además estas tecnologías supongo que tienen un elevado coste, ¿se usarían en todas las categorías estatales? es menos importante un ascenso a 3a división de un club humilde que puede perder un ascenso por una decisión arbitral que un Barça-Madrid del que los que no somos ni de un equipo ni del otro estamos ya hartos de clásicos, pre-clásicos y post-clásicos y su correspondiente carrusel de jugadas polémicas con criterios para todos los gustos.

Creo sinceramente, que si bien en algunas jugadas sí podrían utilizarse las nuevas tecnologías no sería buena opción abrir un nuevo campo en un deporte en el que la diversidad de criterios es amplísima incluso en el propio estamento arbitral. Confío más en profesionalizar a los árbitros y sancionarlos ante errores flagrantes como se hace con jugadores y técnicos. Y a su vez, mantener la esencia del fútbol y respetar sus tradiciones como hacen otras Ligas, además de aprender a entenderlo ya no solo con sus imperfecciones sino en toda su esencia que es esa que nos atrapa de forma patológica y lo hace tan tremendamente pasional. Eso sí, si a Kameni le tiran plátanos en el Calderón o a Guardiola se le cuestiona con cánticos en el Bernabéu su sexualidad aquí no hacen falta avances, no pasa nada… ¡forma parte del show!. Viva España.

Cantera o cartera

Existe una teoría bien razonada que defiende que los mejores entrenadores deben estar en los equipos de la base, cantera de los futuros futbolistas y a medio largo plazo lugar del que deben nutrirse los primeros equipos. Esta misma teoría argumenta, con gran sentido, que la mejor inversión es trabajar bien la base de la estructura deportiva de un club para ascender a chavales y que el primer equipo se alimente, mayoritariamente, de chicos de la casa. Pero en la práctica, muchos de aquellos dirigentes que hacen apología de este proceso de cantera siguen prefiriendo entrenadores sumisos, que sigan sin rechistar sus ‘consejos’ y a un bajo coste económico, en ocasiones ridículo, en comparación con las horas de trabajo y dedicación. Sin embargo, tiran de cartera fichando jugadores de fuera para el primer equipo, muchos de ellos de un discreto nivel. Y es que el bueno, bonito y barato suena muy bien pero una pirámide deportiva de nivel que aporte jugadores a un primer equipo de cualquier club de fútbol tiene un coste que muy pocos pagan. Estos dirigentes tienen un muy buen discurso de cantera pero se olvidan de abrir la cartera, necesaria para que cualquier estructura funcione y dé buenos frutos. No basta con vender de forma populista cantera y asistir de vez en cuando a ver encuentros de las diferentes categorías y saludar a los chavales al término del encuentro, sino que sería necesario que las ayudas institucionales y las cuotas que de forma mensual pagan sus padres se inviertan en mejorar la base de la estructura y no únicamente en pagar las nóminas de los jugadores del primer equipo mientras ellos entrenan con balones de trapo, cuatro conos, en un tercio de campo y se hidratan entre ejercicios haciendo cola y bebiendo uno a uno de una garrafa de 5 litros que los más pequeños tienen que ayudarse para poder levantarla.

Sigue sorprendiendo todavía que no salgan más chavales con nivel para el primer equipo, y es que a pesar de que el coste a largo plazo es mucho menor si se invierte en la base que fichando mercenarios treintañeros en el mercado de invierno para salvar lo que en muchas ocasiones es una mala gestión, los buenos jugadores tampoco salen como los ‘bolets‘ y necesitan de un buen proceso de aprendizaje, de formación y de un dinero que no se invierte en ellos. Este último punto del proceso de aprendizaje al que hago referencia está relacionado con el argumento con el que empezaba el artículo y directamente relacionado a los sueldos irrisorios de un porcentaje altísimo de entrenadores de la base, que son los que deben pulir y formar a los futuros aspirantes a formar parte del primer equipo. Si la base es la piedra angular de cualquier club deportivo, los entrenadores de esas categorías deben ser buenos entrenadores y tener un sueldo digno y acorde a su responsabilidad. Estos entrenadores deben estar pagados en función de sus cualidades, sus capacidades y la importante labor que realizan. Pero claro para eso hay que apostar por un proceso valiente, cambiar estructuras internas que no son nada populistas y que requieren de tiempo y paciencia, pagar a los entrenadores de fútbol base algo más que la calderilla de la caja, y apostar claramente y con pulso firme por jugadores jóvenes que probablemente estén más agradecidos y más involucrados con el equipo que aquellos que acaban haciendo más cara la estructura de cualquier club y vienen de fuera con la media cubriéndoles la cabeza.

Un ejemplo a seguir

Hoy he leído una entrevista de un joven futbolista del Santfeliuenc FC, Javi Honorato, de esas que no dejan indiferente a nadie independientemente de que te guste o no el fútbol. Acostumbro a leer entrevistas de entrenadores y jugadores profesionales para extraer información y conocimientos acerca de experiencias ajenas u otros puntos de vista de gente que trabaja y compite al más alto nivel, lo sorprendente es que hoy Javi, a sus 19 años y jugando a nivel amateur,  me ha regalado una lección de superación en el deporte que probablemente no olvide nunca. Conozco a Javi desde hace un par de años cuando era juvenil de segundo año del Santfeliuenc y me enfrenté a él la temporada siguiente siendo jugador del AE Prat y yo entrenador del CE Europa en Liga Nacional juvenil. Javi es un delantero rápido, con un buen nivel técnico y olfato de gol, un futbolista con desparpajo, horas de calle y una excelente visión y lectura del juego. Pero lo  más destacable de él, después de leer la entrevista que le dedican en el Diari de Sant Feliu (su ciudad y la del club donde juega actualmente) es que estas características con las que lo defino, sabiendo que desde los 15 años perdió el 95% de la visión de un ojo en un lance de un partido de fútbol, son las mismas que hubiese utilizado para definirlo antes de leer la entrevista y conocer una limitación ocular, que desconocía a pesar de haberlo visto jugar en varios encuentros.

En un mundo donde los jóvenes, cada vez más, carecen de valores como el sacrificio, el afán de superación y el esfuerzo, la historia de Javi es un ejemplo no solo para la gente de su edad sino para cualquier persona y de cualquier gremio. Después de conocer casos como éste, deberíamos plantearnos y analizar el concepto que tenemos de cualidades como la capacidad de adaptación y la destrucción de límites, capacidades por las que abogamos muchas veces para superarnos y triunfar en cualquier deporte. Padecemos limitaciones provocadas por el desconocimiento de nuestras capacidades reales, debido a que solo explotamos un porcentaje muy inferior al que tenemos por falta de exigencia, ambición o simple acomodamiento.

Javi no solo ha derrotado sus limitaciones, sino que lo ha hecho a un nivel de máxima expresión. Sigue practicando el deporte que ama y ha conseguido sortear una barrera que la vida le puso en su camino con una fuerza de superación a nivel deportivo y personal digna de elogio. Seguro que ha atravesado momentos de dolor y angustia, pero ha conseguido superarse, hacerse a sí mismo y transmitir una normalidad en su comportamiento y en su juego que es motivo de reflexión, de admiración y debiera ser ejemplo para todos aquellos que se plantean ganarle la batalla a sus limitaciones y crecer en cualquier ámbito de la vida. Soberbio Javi.

El topo

En un vestuario de fútbol conviven diferentes y muy variadas especies, personas de diversos perfiles que se relacionan durante mucho tiempo y aúnan fuerzas para un bien común en una larga travesía de buenos y malos momentos. Como en cualquier colectivo humano en el que existen objetivos, personales y colectivos, hay competencia y diferentes tipos de relación entre unos y otros. A pesar de ello, las dificultades se superan con la unión de todos los miembros del vestuario independientemente de cada uno de los roles que cada uno tenga, las diversas afinidades  y remando todos en la misma dirección, bajo unas normas (algunas no escritas) que debieran ser inquebrantables y respetando siempre el hermetismo de un lugar donde suceden y se dicen cosas que nunca deben salir de esas cuatro paredes. Anteponiendo pues, los intereses comunes a los personales y entregándose al bien del grupo con total fidelidad. Las situaciones de tensión no solo son lógicas en muchos momentos de cualquier competición sino también en cualquier tipo de convivencia, pero los trapos sucios se deben lavar siempre en casa sin profanar el lugar más sagrado de todo el equipo, el vestuario.

Son muchas las personas que, con diferentes fines,  se empeñan en extraer información del vestuario y sobretodo en momentos delicados donde el secretismo debería ser mayor. Personas que, por otra parte, casi nunca utilizan esa información en bien del equipo en cuestión sino más bien todo lo contrario. Personajes de diversa índole que se aprovechan de la existencia de una especie capaz de quebrantar la confidencialidad del vestuario bien por amiguismo, por despecho hacia su situación personal o por cualquier otro motivo. Por eso, esta especie no solo debe estar perseguida y acorralada hasta su expulsión por el cuerpo técnico y el resto de compañeros sino que es una especie (y que no sirva de precedente) que debería estar en un dramático peligro de extinción.

Hace unos días hablando con un compañero, entrenador de un equipo de regional, me comentaba que se encontraba decepcionado porque estando el equipo en una situación delicada en la tabla, acababa de recibir una llamada de su capitán comentándole que no podría asistir al entrenamiento de esa tarde porque debía quedarse con su pareja que tenía fiebre. En un principio, lo que cualquier persona vería como un acto solidario y de buena voluntad lo interpreto como una falta de compromiso con el equipo y una motivación deficiente como futbolista. Y me explico. Pueden existir casos en los que debido al estado de salud de una persona allegada nos hayamos de perder un entrenamiento, pero entiendo que este caso no es de la suficiente gravedad como para no asistir a una sesión de trabajo. Ejemplos como éste son comunes a lo largo de una temporada en algunos equipos de fútbol y denotan claramente el nivel de exigencia, sacrificio y compromiso que tienen determinados jugadores y su grado de motivación hacia el fútbol.

En ocasiones, afirmamos de forma gratuita que el fútbol es nuestra pasión, pero estas afirmaciones no solo deben expresarse sino que deben ir acompañadas de comportamientos y hechos que sitúen realmente al fútbol sino como nuestra máxima prioridad en la vida en una escala no mucho menor. Se hace difícil encontrar un equilibrio, en algunas categorías, entre las diferentes prioridades de algunos jugadores y el concepto de equipo que tiene el entrenador u otros compañeros de vestuario. Para muchos el fútbol se encuentra como cuarta o quinta opción, por lo que estos jugadores tienen una limitación a nivel de sacrificio y de motivación y no dan su máximo rendimiento simplemente por que no están dispuestos a hacerlo. Gestionar esto en equipos amateurs no es fácil y muchas jornadas afecta al rendimiento del grupo en competición. Recuerdo hace algunas temporadas, en una situación similar a la de mi compañero, que unos de mis jugadores me comentó a final de semana que no podría asistir al partido porque tenía un bautizo. Reconozco mi profundo ateísmo y el nulo sentido que le encuentro a las tradiciones de la iglesia pero, igual que el motivo con el que empezaba el artículo, no me parece una situación como para perderse un partido oficial, algo que limita a cualquier jugador que aspire a convertirse en futbolista a alcanzar determinados objetivos o llegar a determinado nivel. Entiendo que uno debe comportarse y exigirse acorde a aquello que quiere llegar a ser y no excusarse en el argumento de que ya me exigiré más cuando llegue.

La motivación viene determinada por el compromiso del deportista con su actividad, por tanto el nivel de compromiso que uno mismo adquiere con su propio rendimiento y con el equipo será equivalente, en gran medida, a su grado de motivación. A nivel cotidiano, se refiere al interés del deportista por la actividad en si misma y su consiguiente gratificación, más allá de los logros deportivos, por lo que si la actividad le supone una gran satisfacción priorizará ante otras y sino es así esas otras prioridades se antepondrán tarde o temprano relegando al fútbol a un plano inferior a otras actividades con la consecuente limitación a nivel de rendimiento y progresión. En algunos momentos deberíamos mirarnos a los ojos delante de un espejo y preguntarnos hasta donde estamos dispuestos a dar y qué es realmente lo que queremos. Y es tan respetable que el fútbol sea la primera opción como la quinta, ya que cada uno elije libremente sus prioridades en la vida, pero entonces se debe ser consecuente con ello y no exigir después una presencia en el equipo no acorde con el nivel de compromiso ofrecido, entendiendo que cuando alguien se queda estancado en un determinado nivel, la mayoría de veces, es porque uno mismo no quiere más y no porque los elementos o la mala suerte hayan limitado sus objetivos.

El mercado

Encuentro surrealista que chavales en edad alevín o infantil tengan ya representante, y mucho más surrealista  que el chico asista a reuniones o negociaciones para su ‘traspaso’ a otro club. Es a partir de juveniles cuando empiezo a entender la figura del representante y solo en algunos casos, ya que considero que se ha desbordado el mercado a unos niveles irracionales. Todos nos hemos preguntado en alguna ocasión: ¿fulanito qué hace con representante?. Aunque lo más sorprendente de todo es que la mayoría de veces el representante se encuentra en casa. En un país tan folclórico y con tanta cultura de mercadillo como el nuestro son curiosamente los mismos que claman al cielo por el daño psicológico e irreversible que le hacen algunos entrenadores a su hijo, los que tienen la osadía de mercadear con su ‘representado’ ofreciéndolo al mejor postor. Eso si, siempre desde la más absoluta decencia y objetividad… faltaría más. Algunos de ellos, incluso obtienen el carnet de Agente FIFA en los bares de los campos de fútbol entre cerveza y cerveza, y los que más beben poseen también el de entrenador. Y sino son ellos directamente, se encargan de contactar con algún representante y encontrarle a su progenitor un buen tutor deportivo que lo ponga en el mercado y negocie con él como dios manda. Y es que aunque las categorías y los técnicos están para algo algunos ‘representantes’ se empeñan  en meter con calzador al precio que sea a un jugador en determinada categoría o ascenderlo a temprana edad aunque éste se encuentre ya en un buen hábitat, con una buena evolución y con la misma proyección que podría tener en su nuevo destino a pesar de ser alguna categoría más.

La absorción de cerebro es tal, que muchos jugadores de fútbol acaban su etapa de juvenil sobrevalorados y convencidos de que deben jugar en una categoría muy superior al nivel que tienen; el regreso a la realidad es duro y difícil de digerir, hasta el punto que algunos dejan el fútbol o acaban jugando por mera diversión en un equipo donde no le exijan excesivo compromiso y puedan jugar con sus amigos, muy a pesar de la opinión de su ‘representante’ que encontrará mil elementos culpables de su fracasada carrera y verá en los enchufes que han tenido algunos de sus ex-compañeros la razón por la cual éstos afortunados, los cuales en su gran mayoría han seguido un proceso no forzado, están algunas categorías más arriba que su incomprendida perla.