Hace unos minutos un jugador profesional de fútbol, y a su vez entrenador de un equipo de chicos de 11 años, me ha preguntado cómo podía hacer entender a sus jugadores de la importancia de jugar en equipo. Pol, cree que debido a los buenos resultados y el nivel del grupo en las últimas semanas éstos habían caído en el error de jugar de forma anárquica e individualista para buscar su lucidez personal. Curiosamente él es el mejor ejemplo para hacerles entender a los chicos de la importancia del colectivo y de su necesidad para conseguir los logros. Pol se ha hecho futbolista en las últimas temporadas a base de sacrificio, trabajo y respeto al grupo. Dio el salto de juvenil División de Honor a 2a B y sus inicios, como los de muchos otros futbolistas, no fueron nada fáciles pero acabó haciéndose un sitio de titular jugando incluso fuera de su posición natural. El propio Director Deportivo del club, Quique Cárcel, un exjugador también con una dilatada carrera deportiva en 2a A, 2a B y 3a división cuando Pol ya era titular indiscutible me reconoció que lo que había vivido con él no lo había visto nunca en ningún otro compañero. Quique destacaba su generosidad y su entrega en los entrenamientos cuando ni siquiera entraba en las convocatorias y le reconocía un estado de ánimo y de entereza digno de admirar. Nunca una mala cara ni una queja por su situacion personal. Hoy, evidentemente porque posee condiciones para jugar a fútbol, es titular en el CE L’Hospitalet, pero es cierto también que muchos otros jugadores con sus mismas condiciones o mejores juegan algunas categorías por debajo de la 2a B. Y es aquí por lo que comentaba anteriormente que es el mejor ejemplo para sus chavales. Hay grandísimos jugadores con muy buenas condiciones físicas, técnicas y tácticas que nunca llegan a ser futbolistas porque les falta lo más importante: tener una mentalidad de élite, de autoexigencia, de sacrificio y una determinación mental para el trabajo y la competición que los convierta de simples jugadores o buenos peloteros  en futbolistas. Nada que ver una cosa con la otra. Hay dos factores que considero vitales para la formación de un futbolista, más allá de que tenga condiciones para serlo: el primero que tenga claro el coste del camino y que sea consecuente con ello siempre, que su rendimiento en las sesiones y la competición sea de alto rendimiento y regular independientemente de los momentos en forma de minutos por los que tenga que atravesar o por su buen estado de forma. Ser capaz de encontrar un equilibrio personal que le lleve a no rendirse o decaer en los malos momentos y vencer la relajación en los buenos manteniendo siempre su nivel. Y el segundo entender que para ser futbolista debe convivir en un ambiente del que no puede abstraerse y debe respetar unos códigos imprescindibles para su éxito. El fútbol es un deporte colectivo y el futbolista debe entender de la importancia de sus compañeros para su desarrollo y para su juego. La unión entre sus intereses y objetivos personales y los del grupo deben ir de la mano para que cada uno logre los suyos, ya que de forma aislada no es posible. El respeto al grupo, en los buenos y malos momentos personales, el compromiso con él  y la conciencia de que tanto a nivel de convivencia como a nivel de juego necesitas a todos esos compañeros que entrenan día tras día contigo aunque, paradójicamente, algunos sean los que en ocasiones te quitan el puesto, es imprescindible para dejar de ser un  jugador de pelota y convertirse en futbolista. Pol sabe perfectamente lo que debe decir a sus chicos, él sabe de lo estoy hablando… solo hace falta que los siente en el vestuario y les transmita todo eso que siente y lleva dentro. Molta sort Pol!.

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