Ayer por la noche asistí a ver el Prat-Llagostera de la 3a ronda de la Copa del Rey, la última donde las eliminatorias se disputan a partido único. En el campo del Prat, que presentaba una lleno absoluto, se jugaba un partido que daba paso a unos dieciseisavos de final donde ya entran en liza los veinte equipos de la 1a división. Hoy era noticia en todas los canales estatales la vivencia en directo del sorteo por parte de los clubes más humildes que aspiraban desde todos los estamentos del club que éste les deparara la mejor de las suertes con el emparejamiento de su equipo con Real Madrid o FC Barcelona en primera instancia y sino con otro primera división como mal menor. Los abrazos y saltos de alegría por parte de los jugadores del Alcoyano, los más afortunados económica y deportivamente hablando junto al Alavés, que se enfrentará al Barça, daban aún más mérito e importancia a la consecución del pase de ronda y cumplirá el sueño de muchos futbolistas que probablemente nunca volverán a pisar el césped del Santiago Bernabéu o del Nou Camp.

Pero en este formato de Copa a partir de dieciseisavos de final, a diferencia de lo que ocurre en Inglaterra donde todas las eliminatorias se disputan a partido único y en el campo del equipo que gane el sorteo, la eliminatoria se disputa a doble partido provocando a partir de esta fase que los pobres tengan muchas menos opciones de seguir avanzando en la competición en beneficio, como pasa siempre, de los más ricos y poderosos. A partir de ahora será una verdadera gesta que los equipos más modestos, los que hoy escuchaban la radio con la esperanza de jugar contra un primera división, avancen en el torneo y puedan pasar de ronda y encontrarse con un nuevo equipo de la elite. Claro que hay ejemplos, y cercanos, pero se ganaría en emoción si el pase se jugase a 90 minutos y sería mucho más habitual ver a los más pobres codearse y pintarle la cara a más de un grande, algo que para muchos, entre los que me incluyo, es parte de la grandeza de este deporte. Es evidente que el fútbol no solo podía ser reflejo de la sociedad en lo bueno sino que también lo es en lo malo, y las diferencias de clases existentes en cualquier sociedad se dan también en un fútbol que sigue premiando a aquellos que más dinero y posibilidades tienen.

Probablemente me deje llevar por la admiración que siento por el fútbol inglés, pero seguimos teniendo mucho que aprender de un fútbol en el que todas las eliminatorias del torneo se disputan a partido único y en campo neutral a partir de las semifinales, incentivando eliminatorias más abiertas e igualadas entre conjuntos de diferente categoría y una mayor igualdad de condiciones para aquellos menos favorecidos.

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