Toda estructura de fútbol base debe tener una cabeza visible. Un responsable que lleve el timón del barco, marque las directrices y tome decisiones aunque algunas de ellas sean impopulares. El cargo de director deportivo o coordinador es imprescindible en toda entidad deportiva y no cabe duda que mientras más grande es el club mayor capacidad, responsabilidad y personalidad deberá tener aquel que dirige la organización.

Cuando este responsable no manda se convierte en una persona de perfil sumiso que acepta sin rechistar todas y cada una de las decisiones técnicas que vienen desde arriba, decisiones que debieran ser únicamente competencia suya. Cuando el coordinador no manda se convierte en un eslabón que por un sueldo, más o menos digno, se deja ‘aconsejar’ por aquellos que realmente toman las decisiones. Cuando el responsable de fútbol base no manda se convierte en lo que conocemos vulgar o coloquialmente como un ‘pintao’.

Debe estar de moda que en algunos cargos aquellos que los ostentan no tomen decisiones relevantes o por lo menos no todas las que ellos quisieran, yo también he estado en clubes en los que esto funciona así. Imagino que por una cuestión de protocolo debe existir el cargo, pero en muchas ocasiones se busca una persona que permita que sean otros los que decidan por él o le impongan algunas decisiones. E imagino también que la decisión de cesar a José Antonio García Escribano, técnico del juvenil A del RCD Espanyol con una notable trayectoria a sus espaldas, se debe a la trágica situación del equipo después de tan solo tres jornadas. Lo que no tengo tan claro es quién toma la decisión, porque tengo la humilde intuición que el último coordinador que mandaba en el club era Josep Manel Casanova.

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