Hace unas semanas cenando con Jaehyung Lee, director de la revista coreana Best Eleven, y otras personalidades del fútbol coreano tuve una conversación surrealista con dos de los integrantes de la velada, un padre y su hijo, joven jugador en activo. Después de algunos minutos de conversación sobre el fútbol coreano y español, me comentaron que tras varios años de estudio habían elaborado un método de entrenamiento para conseguir en un futuro jugadores en cadena de la talla de Iniesta y Xavi. Hasta el propio intérprete me ponía cara de saberle mal lo que debía traducirme, supongo que al ver también algunas de mis caras y escuchar algún comentario cómplice que le hice en castellano tras las primeras traducciones.

El fútbol coreano, como su propia cultura y sociedad, es un fútbol con buenas maneras y ganas de evolucionar pero los métodos de entrenamiento distan mucho aún de los europeos. Corea del Sur es un país que ha crecido a todos los niveles a una velocidad de vértigo desde los años ochenta hasta nuestros días, convirtiéndose en la actualidad en un país altamente desarrollado a nivel mundial. Pero en fútbol existen una serie de factores que no se pueden obviar, y uno de ellos es que el talento del jugador, ese que hace que un compañero de Iniesta o Xavi en edad alevín juegue en tercera o segunda B y ellos al nivel que están no se puede desarrollar como si fuese un ordenador ni comprar con dinero. Acerca del eterno dilema de si el jugador de fútbol nace o se hace, creo que es importante el periodo de formación de éste, pero hay una parte innata que no se aprende en las escuelas de fútbol que el jugador lleva dentro, desarrolla en la calle y ésa por mucho esmero que pongan sus respectivos entrenadores o por mucho dinero e influencia que tenga el padre no se puede comprar. Si el jugador no tiene condiciones innatas para jugar a fútbol, por mucho dinero que se invierta en él jamás llegará ser Iniesta o Messi.

En la formación de jugadores, es tan importante saberlos guiar y formar en las diferentes etapas, como realizar una buena selección de talentos, de jugadores avanzados al resto y que posean mejores capacidades o virtudes que el resto de chavales de su edad. Encontrar esos diamantes en bruto que tras años de trabajo brillen. Por eso, aunque mis amigos coreanos se empeñen en producir jugadores igual que lo hacen con los artilugios tecnológicos me temo que mucho deben cambiar las cosas para poder producir futbolistas en cadena.

La mayoría de los mejores jugadores de elite proceden de barrios y familias humildes, se han criado en situaciones adversas, han jugado horas en la calle y han entrenado con pocos recursos en sus inicios. Ese perfil de jugadores, de carácter más bravío que los de escuela, no se crean en los campos de entrenamiento, hay que descubrirlos y luego formarlos. Y es cierto, que son más complicados de ‘domesticar’ que el resto, pero para entrenar y competir… ¡dame once callejeros!.

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