Archive for agosto, 2012


Cruce de estilos

Cuando se enfrentan dos equipos, uno de ellos con una filosofía de juego claramente basada en la posesión del balón y en el ataque organizado y otro con un estilo manifiestamente basado en el contraataque el guión del partido es muy evidente, e independientemente del resultado, todo el mundo sabe lo que va a ver. ¿Pero qué pasa si los dos equipos juegan al contragolpe?. En este caso, o bien uno de los dos, el que se considera superior o juega como local acepta tomar la iniciativa o bien suelen ser partidos con pocos espacios, transiciones cortas y pocas opciones de gol que se acaban decidiendo a balón parado, alguna jugada aislada o una individualidad. ¿Qué pasa cuando un equipo educado para el contragolpe debe tomar la iniciativa por el rol con el que afronta un determinado encuentro o porque el resultado es desfavorable?. En esta circunstancia, en ocasiones, se aprecian carencias a nivel de ataque elaborado, falta de claridad ofensiva, de movimientos de ataque y poca profundidad en el juego. Por el contrario, si los que se enfrentan son dos equipos que elaboran mayoritariamente en corto y buscan con la posesión de balón intentar hacerse con el control del partido y llegar a zonas de finalización sucede una situación similar a la anterior, o uno de los dos adopta el papel de inferior en ese encuentro y cede el balón a su adversario para jugarle al contraataque o los dos intentan ser fieles a su estilo viéndose en la mayoría de casos un duelo por el control de la pelota, ya que ambos entienden que así  generarán más opciones de gol que el adversario; estos partidos se acaban decantando casi siempre del lado de aquel que posee mejores individualidades. Algo que parece evidente en cualquier caso, pero en muchas ocasiones un equipo de menor calidad técnica y con peores individualidades que su contrario puede aspirar a ganar el encuentro o la eliminatoria planteando un partido al contragolpe y no tendría prácticamente opciones en un tú a tú con su adversario. De la misma forma, cuando un equipo que apuesta por un fútbol combinativo y de largas posesiones  debe adoptar un juego más directo por el estado del campo, la climatología, la presión adelantada del rival o en el tramo final de un partido con marcador adverso se ve un plan B poco elaborado y mucho menos efectivo que aquel por el que apuestan normalmente.

De todas formas, si bien es cierto que algunos equipos tienen una vocación fiel por un estilo y ésta es invariable en cualquier circunstancia no es menos cierto que estos mismos equipos, y todos en general, deberían tener un plan B para afrontar determinadas situaciones que se producen en un partido. Y aquí nos encontramos ante dos grandes casos: en primer lugar que muchos equipos no tienen clara una filosofía ni de ataque organizado ni de contraataque y no se sabe muy bien lo que quieren ni a lo que juegan; y en segundo lugar, que muchos de los equipos que optan por una idea de juego basada en el contragolpe tienen un vago plan B, en el caso que lo tengan, y son equipos torpes y sin ideas ofensivas cuando tienen que recurrir a otra estrategia. Así como a la inversa, muchos equipos que optan por un juego organizado y de balón raso se encuentran con dificultades cuando deben encontrar otras vías para adaptarse en ese momento a la situación del juego.

Entiendo que un equipo debe por el perfil de sus jugadores o filosofía de club decantarse por una idea principal de juego que será la que mejor rendimiento dará a ese colectivo, pero debe tener también otros argumentos trabajados y automatizados para jugar de otra forma ante un determinado rival o en un momento del partido en el que fuese necesario por cualquier motivo realizar un cambio de ‘chip’. Sorprende ver equipos de elite sin una idea clara de juego, pero también grandes conjuntos que no contemplan otras opciones y que tienen en la variabilidad y la riqueza del juego un obstáculo que les impide adaptarse y competir con argumentos visibles a pesar de contar con jugadores que pueden adoptar diversos roles. Por otra parte, y sea cual sea la opción u opciones que se elija/n lo que siempre debe estar presente es un orden táctico que de sentido a su forma de jugar, que haga cómplices  a los jugadores dentro de una misma idea colectiva con más o menos variantes y que sepan todos ellos interpretarla y entenderla dentro de un mismo espíritu grupal. Como hace unos años dijo Arrigo Sacchi “si el partido está desordenado puede ser por dos cosas: o los jugadores están mal físicamente o están mal entrenados”… pues eso.

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El talento no se compra

Hace unas semanas cenando con Jaehyung Lee, director de la revista coreana Best Eleven, y otras personalidades del fútbol coreano tuve una conversación surrealista con dos de los integrantes de la velada, un padre y su hijo, joven jugador en activo. Después de algunos minutos de conversación sobre el fútbol coreano y español, me comentaron que tras varios años de estudio habían elaborado un método de entrenamiento para conseguir en un futuro jugadores en cadena de la talla de Iniesta y Xavi. Hasta el propio intérprete me ponía cara de saberle mal lo que debía traducirme, supongo que al ver también algunas de mis caras y escuchar algún comentario cómplice que le hice en castellano tras las primeras traducciones.

El fútbol coreano, como su propia cultura y sociedad, es un fútbol con buenas maneras y ganas de evolucionar pero los métodos de entrenamiento distan mucho aún de los europeos. Corea del Sur es un país que ha crecido a todos los niveles a una velocidad de vértigo desde los años ochenta hasta nuestros días, convirtiéndose en la actualidad en un país altamente desarrollado a nivel mundial. Pero en fútbol existen una serie de factores que no se pueden obviar, y uno de ellos es que el talento del jugador, ese que hace que un compañero de Iniesta o Xavi en edad alevín juegue en tercera o segunda B y ellos al nivel que están no se puede desarrollar como si fuese un ordenador ni comprar con dinero. Acerca del eterno dilema de si el jugador de fútbol nace o se hace, creo que es importante el periodo de formación de éste, pero hay una parte innata que no se aprende en las escuelas de fútbol que el jugador lleva dentro, desarrolla en la calle y ésa por mucho esmero que pongan sus respectivos entrenadores o por mucho dinero e influencia que tenga el padre no se puede comprar. Si el jugador no tiene condiciones innatas para jugar a fútbol, por mucho dinero que se invierta en él jamás llegará ser Iniesta o Messi.

En la formación de jugadores, es tan importante saberlos guiar y formar en las diferentes etapas, como realizar una buena selección de talentos, de jugadores avanzados al resto y que posean mejores capacidades o virtudes que el resto de chavales de su edad. Encontrar esos diamantes en bruto que tras años de trabajo brillen. Por eso, aunque mis amigos coreanos se empeñen en producir jugadores igual que lo hacen con los artilugios tecnológicos me temo que mucho deben cambiar las cosas para poder producir futbolistas en cadena.

La mayoría de los mejores jugadores de elite proceden de barrios y familias humildes, se han criado en situaciones adversas, han jugado horas en la calle y han entrenado con pocos recursos en sus inicios. Ese perfil de jugadores, de carácter más bravío que los de escuela, no se crean en los campos de entrenamiento, hay que descubrirlos y luego formarlos. Y es cierto, que son más complicados de ‘domesticar’ que el resto, pero para entrenar y competir… ¡dame once callejeros!.