Ayer, poco antes de la medianoche, falleció el entrenador de fútbol Manolo Preciado. Pocas horas después de que el Villarreal CF hiciese oficial su fichaje para la próxima temporada, nos dejaba un entrenador campechano que tuvo el mérito de labrarse con constancia y trabajo su carrera deportiva hasta llegar a lo más alto, atravesando momentos a nivel personal difíciles de digerir y de superar. Ha tenido la capacidad  de empatizar con la gente  por su sencillez y autenticidad, era de esas personas que caían bien a todo el mundo más allá de los colores. Hace unos meses escribía sobre Manolo y hablaba de lo injusta que me pareció su destitución al frente del Sporting de Gijón esta pasada temporada. Su pérdida anoche me parece mucho más injusta. En un país que tiene el demérito de catalogar como buena persona a todo aquel que fallece, en este caso con la muerte de Preciado si que considero que se va un individuo íntegro, de esos que no dejan indiferente a nadie y buena persona.

Al poco de ser destituido realizó una ruta visitando a algunos excompañeros de profesión como Pep Guardiola, Mauricio Pochettino o José Mourinho, con el que tuvo una agrio enfrentamiento público durante la competición. Manolo visitó en Valdebebas al portugués y limó asperezas, dejando patente su humildad y su personalidad sencilla. Era un trabajador, una persona que conocía la competición y que tenía claro que algunas cosas se quedan en el campo o en las ruedas de prensa. Es curioso que, aunque el motivo fuese otro, estas visitas parecen hoy día una despedida de algunos de ellos ante lo que desgraciadamente acabaría sucediendo en Valencia la pasada noche.

Tengo desde hace algún tiempo la angustiosa sensación de que mucha gente que realmente vale la pena se van demasiado pronto. Manolo Preciado nos deja, pero seguirá con nosotros el recuerdo de un excelente entrenador y mejor persona. Descansa en paz currante.

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