Cualquier profesional o aficionado reconoce que la competición más exigente, la más justa y aquella que premia al equipo más regular es el campeonato liguero, pero la mayoría reconocen a su vez que el título que tiene más glamour de todos los que se disputan a nivel de élite es la Champions League. La antígua Copa de Europa es, sin duda, la joya de la corona del fútbol europeo y su consecución el principal objetivo de cualquier equipo que aspire a ganarla. La ‘orejona’ es la que más gusta a todo futbolista, entrenador, directivo o seguidor y brilla de forma especial en todo aquel palmarés que la posee.

Dentro de unos días se disputará la deseada final en el estadio Allianz Arena de Múnich. Los elegidos, el Chelsea inglés y el Bayern de Múnich alemán. Ambos lucharán por adjudicarse el 57º título en juego, el que podría ser el primero para los ingleses y el quinto para los bávaros. Cualquiera de las aficiones del equipo victorioso recordará de memoria durante años, muchos probablemente toda la vida, el once inicial de su equipo en dicha final. La foto de los once titulares formará parte del decorado de infinidad de bares, oficinas y casas. Pero hay algo que desluce, en parte, este atractivo partido: el sistema de sanciones impuesto por la UEFA impedirá disputar la final a varios jugadores de uno y otro equipo. Ambas escuadras llegan a la cita de Múnich con importantes bajas en sus filas. Ninguno de los dos entrenadores podrá alinear al once que formaría si tuviese disponibles a todos sus hombres. Dicho organismo debería recapacitar y por el bien del fútbol y de su máxima expresión, reconsiderar este punto de la normativa y dejar sin efecto para la gran final a los jugadores sancionados por acumulación de amonestaciones. Es lógico un sistema acumulativo de tarjetas amarillas en el curso de la competición, y lógicamente en acciones como la de John Terry que se perderá la final de forma tan absurda como merecida u otras acciones sancionadas con tarjeta roja, pero me parece totalmente desproporcionado que un jugador no pueda disputar una final europea por la acumulación de dos tarjetas amarillas, más allá de que muchos jugadores disputen totalmente condicionados el partido de vuelta de semifinales por encontrarse apercibidos de sanción. Que un equipo como el Chelsea después de hacer el esfuerzo titánico de eliminar a uno de los grandes favoritos y plantarse en la final rompiendo la mayoría de pronósticos, llegue a la final en cuadro por las bajas de Raúl Meireles, Vladislav Ivanovic y Ramires (además de la ya citada de John Terry) hace un flaco favor al fútbol y desluce un espectáculo que debería ser potenciado precisamente por el organismo que gestiona y decide la normativa vigente. Por su parte, el Bayern, después de hacer lo propio con el otro gran favorito a llegar a la final, no podrá contar con David Alaba, Holger Badstuber y Luiz Gustavo por el mismo motivo. Que un futbolista se pierda una final por la acumulación de dos amonestaciones me parece una gran injusticia. Por el bien de un espectáculo que están en la obligación de proteger,  en las grandes finales, como pasa en muchos otros deportes, deberían jugar siempre los mejores.

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