Archive for marzo, 2012


La (in)cultura del cese

Cada temporada son varios los entrenadores cesados en las diferentes categorías del fútbol estatal. Hace unos días, en Inglaterra, el director ejecutivo de la asociación de entrenadores, Richard Bevan, declaró que le parece una vergüenza lo que se está haciendo en su país con los entrenadores y concretamente en el Chelsea, donde desde el 2003 que Abramovich es el dueño del club londinense han desfilado ocho entrenadores, de los cuales solo Guus Hiddink se marchó tras finalizar su contrato. Esta situación, que tanto sorprende y violenta a muchos estamentos y personalidades inglesas, los cuales tienen una forma de entender este deporte muy diferente a la nuestra, es desgraciadamente parte de la cultura de nuestro fútbol. El baile de entrenadores es una constante temporada tras temporada y disfraza, temporalmente, algunas miserias fruto de malas gestiones deportivas y económicas por parte de directivos y directores deportivos. Es posible que en determinados casos, la solución por algún motivo relacionado con  la mala gestión de un vestuario o, porque no, por la incompetencia de algún entrenador la solución sea el cese, provocando un cambio de rumbo y sabia nueva, pero en la mayoría de casos no solo no se respetan los plazos lógicos que cualquier equipo necesita para madurar y asimilar los conceptos de un determinado entrenador sino que es el comodín más fácil del que disponen algunos directivos que se dejan aconsejar por el diablo o que pierden los papeles por un puñado de pañuelos y pitidos al palco tras una serie de resultados negativos. Directivos con pulso de anciano que no son capaces de apostar por la continuidad de su entrenador en momentos difíciles por los que todo club atraviesa en algún momento de la competición.

Hay dos casos esta temporada que me parecen asombrosos. Uno es la destitución de Fabri, exentrenador del Granada CF, en el primer partido de la segunda vuelta. Fabri, un entrenador con una dilatada carrera en clubes humildes se hizo cargo del Granada en la 2a división B y en dos temporadas lo ascendió a Primera división. No hace falta tener unos grandes conocimientos en gestión deportiva para entender que el Granada con Fabri o sin Fabri es uno de los equipos, a nivel estructural y económico, más humildes de la categoría. Sin embargo, este argumento no sirvió para mantener en el cargo a un entrenador que había ascendido al Granada durante dos temporadas consecutivas hasta la máxima categoría. El otro caso es el del currante Manolo Preciado, un perfil de entrenador campechano, profesional, con experiencia no solo en la élite sino en situaciones límite y que llevaba varias temporadas logrando la permanencia con el modesto Sporting de Gijón sorteando mil dificultades y saliendo siempre airoso al final de curso. Me resulta surrealista como en ambos casos y en muchos otros impera aún la creencia de que la falta de presupuesto, la mala gestión deportiva o incluso las limitaciones lógicas de clubes modestos cuyo único objetivo es salvar la categoría, a sabiendas de que eso pasa por sufrir durante todo la temporada y ocupar en algunas fases del campeonato las posiciones de descenso, se soluciona con la destitución de sus entrenadores y la contratación de un entrenador que parece venir con una varita mágica debajo del brazo y que casualmente siempre, o casi siempre, es de un perfil similar: un entrenador mediático y con buenos ‘padrinos’ que aconsejan al presidente de turno y le venden cantos de sirena.

Posiblemente Javier Clemente entrene gratis al Sporting de Gijón, pero a Manolo Preciado no le hubiese venido nada mal que con el dinero que cobra el entrenador vasco le hubiesen contratado un buen delantero en el mercado de invierno. Cuando faltan grandes dosis de realismo en las cúpulas de los clubes de fútbol, el dinero se invierte tarde y con prisas y uno no se hace la pregunta de quiénes somos, cuál es nuestro presupuesto y contra quién estamos compitiendo a veces se toman decisiones, ya no solo injustas y agresivas para los que conocemos algunos entresijos de este deporte, sino que son decisiones que acaban siendo pan para hoy y hambre para mañana.

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A pesar de que son muchos los equipos que presumen de apostar por la cantera y nutrir a su primer equipo de jugadores formados en las categorías inferiores, lo cierto es que el único referente a nivel de élite que se nutre, no mayoritariamente sino en su totalidad, de futbolistas de la cantera es el Athletic de Bilbao. Por eso, resulta mucho más admirable su clasificación para los cuartos de final de la Europa League eliminando a un poderoso equipo como el Manchester United y haciéndolo en ambos encuentros con una contundencia y un nivel de juego digno de un grande. Si a esto le añadimos su notable clasificación en la Liga y que es finalista de la Copa del Rey, la temporada de un equipo formado exclusivamente con jugadores de Euskal Herria, independientemente de como finalice, es ya todo un éxito.

Que el País Vasco es un territorio diferente y que mucha de su gente se siente diferente al resto del estado español es algo tan respetable como sabido. Pero si ese sentimiento se traduce en que uno de sus equipos de fútbol compite solo con jugadores de casa contra el resto de equipos de España y de Europa es una forma loable y sincera de mostrar el sentimiento de un país a través del fútbol, lo que hace que los seguidores de Athletic se vinculen mucho más si cabe con sus jugadores y con su equipo de fútbol. Con ese equipo de fútbol que juega con jugadores que se llaman Aitor, Julen o Patxi se sienten más representados e identificados que simplemente por unos colores, un escudo y una bandera que defienden deportistas de otras nacionalidades y que están de paso por mucha apología que se haga desde el club en intentar representar un territorio por cuestiones políticas o ideológicas. Y además lo hacen con una sentida convicción, porque puede resultar oportunista destacar la política del Athletic en una situación como la que viven actualmente, pero en las muchas ocasiones que han rozado los puestos de descenso, en parte perjudicados por no poder reforzarse como el resto de equipos, han seguido siendo fieles a su idea y han mantenido de forma firme sus ideales y su estructura deportiva.

En un mundo global, donde las fronteras son cada vez más estrechas son numerosos los futbolistas que cambian de país para competir en otras ligas y muchos los equipos  que cuentan con gran cantidad de deportistas foráneos en sus filas, mucho más después de la aprobación de la Ley Bosman, pero la opción del Athletic no solo es tan válida como cualquier otra sino que es una estructura ejemplar y que debería hacer reflexionar a muchos clubes que desembolsan grandes cantidades de dinero, en ocasiones por jugadores mediocres, en un tiempo de crisis económica a nivel mundial. Ver ayer tarde el derroche de energía de los ‘leones’ en un San Mamés hasta la bandera, con una presión defensiva durante noventa minutos que  maniató por completo al equipo inglés, desplegando un gran juego y generando infinidad de ocasiones de gol y escuchar a Sir Alex Ferguson reconocer tras el partido de ida que, una vez analizado el partido de Old Trafford, el equipo vasco era el que más había corrido en Manchester en muchos años es un placer a la vista y al oído para aquellos que sentimos el fútbol como algo más que un deporte.

Demasiado castigo

El portero espera nervioso e impaciente el once inicial de su entrenador mientras se ata los cordones de las botas. Sus ojos se iluminan cuando después de meses de espera la alineación empieza por el 13 y no por el 1. El capitán de su equipo lo besa y lo felicita antes de salir a calentar. El césped tiene otro olor cuando sale a calentar como titular. Los minutos de calentamiento pasan lentamente. Hoy es el día en el que estrena titularidad en partido oficial con su equipo y en la categoría. Uno de sus compañeros entra al área a recoger un balón, lo mira con complicidad y le desea suerte. Acaba el calentamiento y ya en el vestuario se emociona al escuchar su nombre por la megafonía. Los compañeros deben avisarle para hacerse la foto cuando al salir al terreno de juego se va directo a la portería. Tras el sorteo hay cambio de campo y los poco más de cien metros se le hacen interminables. Y ahora sí, empieza el encuentro y desde la distancia ve el saque inicial del adversario. El balón llega a uno de los centrales y éste busca un lanzamiento largo en dirección a su delantero centro. La trayectoria de balón gana la espalda de sus centrales y el punta se planta solo ante él a los pocos segundos del inicio de partido. No tiene tiempo para pensar, de forma instintiva se lanza a los pies del delantero y éste cae dentro del área. El pitido del árbitro le resulta aterrador. Éste señala el punto de penalti y al portero se le viene el mundo encima. Roja y expulsión. De camino al túnel de vestuarios maldice su suerte y llora de rabia tras una acción que destroza todo el trayecto recorrido hasta el día de hoy. Ya en la ducha visualiza el lance del juego y no entiende lo desmesurado de la sanción. Sus compañeros jugarán con diez gran parte del partido, un compañero suyo deberá ser sustituido para que entre el portero suplente, el rival lanza una pena máxima, él se perderá este encuentro y la semana siguiente deberá cumplir el correspondiente partido de sanción. Demasiado castigo para este tipo de acciones.