Archive for febrero, 2012


¿Nuevas tecnologías?

La semana pasada, en la Liga Italiana, se produjo una de esas jugadas que vuelven a sacar a la palestra el uso de nuevas tecnologías que complementen algunas de las decisiones  que toman los árbitros en jugadas puntuales. Muntari, el centrocampista ghanés del AC Milán, remató a la portería de la Juventus y el portero bianconero Buffon desde el suelo sacó el esférico desde dentro de la portería. El gol, en caso de que los árbitros lo hubiesen concedido, hubiera supuesto el 2-0 del Milán que acabó empatando el encuentro tras gol de Matri en las postrimerías del partido.

Aún se me atraganta el hecho de que las nuevas tecnologías formen parte del arbitraje de un partido de fútbol. Quizá porque soy demasiado clásico para las tradiciones y las esencias del fútbol pero creo, por diferentes motivos, que no sería una buena idea. Y más tratándose del deporte más subjetivo de todos con mucha diferencia. Hace unas semanas en El Sadar de Pamplona hubo un gol anulado al FC Barcelona. Después de ver las imágenes en repetidas ocasiones es difícil precisar si Sergi Roberto peina o no peina el balón antes de que llegue a los pies de Alexis que acaba marcando gol. Tras visionar la jugada desde diferentes ángulos y a diversas velocidades es complicado apreciar si llega o no a tocar el esférico. Eran muchos los que opinaban que sí lo hizo, pero muchos otros opinaban que no (incluso árbitros o ex-árbitros tenían diferentes opiniones acerca de la misma jugada). Lo mismo sucedió hace poco más de un año en partido de Copa del Rey entre el Sevilla FC y el Real Madrid en el Sánchez Pizjuán, con un gol fantasma del equipo sevillista que dio la vuelta al mundo, nuevamente con opiniones opuestas sobre la misma jugada por gentes de diferentes estamentos más o menos cualificados. Ya no digamos acciones dentro del área en las que ante una misma jugada el propio cuarteto arbitral puede tener diversidad de criterios. Cuando argumentaba que el fútbol es el deporte más subjetivo del mundo no lo es solo por la cantidad de gente que opina sobre él con diferentes intereses o preferencias y por la dimensión mundial que éste tiene sino porque el reglamento de fútbol y muchas de sus acciones o normas entran en un parámetro subjetivo que forma parte del criterio del árbitro y éstos interpretan la acción ante un mismo reglamento desde perspectivas diferentes. Es decir, el criterio del árbitro es tan amplio para juzgar determinadas acciones que dos árbitros de la misma categoría y de la misma territorial pueden tener opiniones totalmente opuestas sobre si una jugada dentro del área es penalti o no lo es. Algo que paradójicamente forma parte de la idiosincrasia del fútbol y lo hace tan polémico y tan pasional.

Cuando se pide la utilización de las nuevas tecnologías no sé si realmente se tienen en cuenta estos aspectos. No me imagino un partido deteniéndose cada cierto tiempo para que el cuarto árbitro después de visionar la jugada en cuestión por un monitor de televisión decida si es gol o no lo es o si es penalti o no. Luego sería importante dejar claro también que jugadas son merecedoras de ser re-arbitradas y que jugadas no. No me quiero imaginar un encuentro con los entrenadores pidiendo la opinión del cuarto o quinto árbitro cada jugada a balón parado por posible agarrón o agresión a uno de los suyos. ¿Quién decidiría entonces si la jugada es digna de ser valorada por televisión o no? ¿el árbitro?… nuevamente el criterio arbitral. Podría pasar que considerara que una jugada no merece ser visionada y falle en su decisión y en otra que decida valorar, su compañero reafirme su decisión. ¿Sería el cuarto árbitro quien le dijera por el pinganillo que ha sido penalti o ha sido gol legal en un determinado momento y según su propio criterio, el cual puede diferir de la opinión del propio árbitro visionando nuevamente la jugada en el descanso o tras el encuentro?. Además estas tecnologías supongo que tienen un elevado coste, ¿se usarían en todas las categorías estatales? es menos importante un ascenso a 3a división de un club humilde que puede perder un ascenso por una decisión arbitral que un Barça-Madrid del que los que no somos ni de un equipo ni del otro estamos ya hartos de clásicos, pre-clásicos y post-clásicos y su correspondiente carrusel de jugadas polémicas con criterios para todos los gustos.

Creo sinceramente, que si bien en algunas jugadas sí podrían utilizarse las nuevas tecnologías no sería buena opción abrir un nuevo campo en un deporte en el que la diversidad de criterios es amplísima incluso en el propio estamento arbitral. Confío más en profesionalizar a los árbitros y sancionarlos ante errores flagrantes como se hace con jugadores y técnicos. Y a su vez, mantener la esencia del fútbol y respetar sus tradiciones como hacen otras Ligas, además de aprender a entenderlo ya no solo con sus imperfecciones sino en toda su esencia que es esa que nos atrapa de forma patológica y lo hace tan tremendamente pasional. Eso sí, si a Kameni le tiran plátanos en el Calderón o a Guardiola se le cuestiona con cánticos en el Bernabéu su sexualidad aquí no hacen falta avances, no pasa nada… ¡forma parte del show!. Viva España.

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Cantera o cartera

Existe una teoría bien razonada que defiende que los mejores entrenadores deben estar en los equipos de la base, cantera de los futuros futbolistas y a medio largo plazo lugar del que deben nutrirse los primeros equipos. Esta misma teoría argumenta, con gran sentido, que la mejor inversión es trabajar bien la base de la estructura deportiva de un club para ascender a chavales y que el primer equipo se alimente, mayoritariamente, de chicos de la casa. Pero en la práctica, muchos de aquellos dirigentes que hacen apología de este proceso de cantera siguen prefiriendo entrenadores sumisos, que sigan sin rechistar sus ‘consejos’ y a un bajo coste económico, en ocasiones ridículo, en comparación con las horas de trabajo y dedicación. Sin embargo, tiran de cartera fichando jugadores de fuera para el primer equipo, muchos de ellos de un discreto nivel. Y es que el bueno, bonito y barato suena muy bien pero una pirámide deportiva de nivel que aporte jugadores a un primer equipo de cualquier club de fútbol tiene un coste que muy pocos pagan. Estos dirigentes tienen un muy buen discurso de cantera pero se olvidan de abrir la cartera, necesaria para que cualquier estructura funcione y dé buenos frutos. No basta con vender de forma populista cantera y asistir de vez en cuando a ver encuentros de las diferentes categorías y saludar a los chavales al término del encuentro, sino que sería necesario que las ayudas institucionales y las cuotas que de forma mensual pagan sus padres se inviertan en mejorar la base de la estructura y no únicamente en pagar las nóminas de los jugadores del primer equipo mientras ellos entrenan con balones de trapo, cuatro conos, en un tercio de campo y se hidratan entre ejercicios haciendo cola y bebiendo uno a uno de una garrafa de 5 litros que los más pequeños tienen que ayudarse para poder levantarla.

Sigue sorprendiendo todavía que no salgan más chavales con nivel para el primer equipo, y es que a pesar de que el coste a largo plazo es mucho menor si se invierte en la base que fichando mercenarios treintañeros en el mercado de invierno para salvar lo que en muchas ocasiones es una mala gestión, los buenos jugadores tampoco salen como los ‘bolets‘ y necesitan de un buen proceso de aprendizaje, de formación y de un dinero que no se invierte en ellos. Este último punto del proceso de aprendizaje al que hago referencia está relacionado con el argumento con el que empezaba el artículo y directamente relacionado a los sueldos irrisorios de un porcentaje altísimo de entrenadores de la base, que son los que deben pulir y formar a los futuros aspirantes a formar parte del primer equipo. Si la base es la piedra angular de cualquier club deportivo, los entrenadores de esas categorías deben ser buenos entrenadores y tener un sueldo digno y acorde a su responsabilidad. Estos entrenadores deben estar pagados en función de sus cualidades, sus capacidades y la importante labor que realizan. Pero claro para eso hay que apostar por un proceso valiente, cambiar estructuras internas que no son nada populistas y que requieren de tiempo y paciencia, pagar a los entrenadores de fútbol base algo más que la calderilla de la caja, y apostar claramente y con pulso firme por jugadores jóvenes que probablemente estén más agradecidos y más involucrados con el equipo que aquellos que acaban haciendo más cara la estructura de cualquier club y vienen de fuera con la media cubriéndoles la cabeza.

Un ejemplo a seguir

Hoy he leído una entrevista de un joven futbolista del Santfeliuenc FC, Javi Honorato, de esas que no dejan indiferente a nadie independientemente de que te guste o no el fútbol. Acostumbro a leer entrevistas de entrenadores y jugadores profesionales para extraer información y conocimientos acerca de experiencias ajenas u otros puntos de vista de gente que trabaja y compite al más alto nivel, lo sorprendente es que hoy Javi, a sus 19 años y jugando a nivel amateur,  me ha regalado una lección de superación en el deporte que probablemente no olvide nunca. Conozco a Javi desde hace un par de años cuando era juvenil de segundo año del Santfeliuenc y me enfrenté a él la temporada siguiente siendo jugador del AE Prat y yo entrenador del CE Europa en Liga Nacional juvenil. Javi es un delantero rápido, con un buen nivel técnico y olfato de gol, un futbolista con desparpajo, horas de calle y una excelente visión y lectura del juego. Pero lo  más destacable de él, después de leer la entrevista que le dedican en el Diari de Sant Feliu (su ciudad y la del club donde juega actualmente) es que estas características con las que lo defino, sabiendo que desde los 15 años perdió el 95% de la visión de un ojo en un lance de un partido de fútbol, son las mismas que hubiese utilizado para definirlo antes de leer la entrevista y conocer una limitación ocular, que desconocía a pesar de haberlo visto jugar en varios encuentros.

En un mundo donde los jóvenes, cada vez más, carecen de valores como el sacrificio, el afán de superación y el esfuerzo, la historia de Javi es un ejemplo no solo para la gente de su edad sino para cualquier persona y de cualquier gremio. Después de conocer casos como éste, deberíamos plantearnos y analizar el concepto que tenemos de cualidades como la capacidad de adaptación y la destrucción de límites, capacidades por las que abogamos muchas veces para superarnos y triunfar en cualquier deporte. Padecemos limitaciones provocadas por el desconocimiento de nuestras capacidades reales, debido a que solo explotamos un porcentaje muy inferior al que tenemos por falta de exigencia, ambición o simple acomodamiento.

Javi no solo ha derrotado sus limitaciones, sino que lo ha hecho a un nivel de máxima expresión. Sigue practicando el deporte que ama y ha conseguido sortear una barrera que la vida le puso en su camino con una fuerza de superación a nivel deportivo y personal digna de elogio. Seguro que ha atravesado momentos de dolor y angustia, pero ha conseguido superarse, hacerse a sí mismo y transmitir una normalidad en su comportamiento y en su juego que es motivo de reflexión, de admiración y debiera ser ejemplo para todos aquellos que se plantean ganarle la batalla a sus limitaciones y crecer en cualquier ámbito de la vida. Soberbio Javi.

El topo

En un vestuario de fútbol conviven diferentes y muy variadas especies, personas de diversos perfiles que se relacionan durante mucho tiempo y aúnan fuerzas para un bien común en una larga travesía de buenos y malos momentos. Como en cualquier colectivo humano en el que existen objetivos, personales y colectivos, hay competencia y diferentes tipos de relación entre unos y otros. A pesar de ello, las dificultades se superan con la unión de todos los miembros del vestuario independientemente de cada uno de los roles que cada uno tenga, las diversas afinidades  y remando todos en la misma dirección, bajo unas normas (algunas no escritas) que debieran ser inquebrantables y respetando siempre el hermetismo de un lugar donde suceden y se dicen cosas que nunca deben salir de esas cuatro paredes. Anteponiendo pues, los intereses comunes a los personales y entregándose al bien del grupo con total fidelidad. Las situaciones de tensión no solo son lógicas en muchos momentos de cualquier competición sino también en cualquier tipo de convivencia, pero los trapos sucios se deben lavar siempre en casa sin profanar el lugar más sagrado de todo el equipo, el vestuario.

Son muchas las personas que, con diferentes fines,  se empeñan en extraer información del vestuario y sobretodo en momentos delicados donde el secretismo debería ser mayor. Personas que, por otra parte, casi nunca utilizan esa información en bien del equipo en cuestión sino más bien todo lo contrario. Personajes de diversa índole que se aprovechan de la existencia de una especie capaz de quebrantar la confidencialidad del vestuario bien por amiguismo, por despecho hacia su situación personal o por cualquier otro motivo. Por eso, esta especie no solo debe estar perseguida y acorralada hasta su expulsión por el cuerpo técnico y el resto de compañeros sino que es una especie (y que no sirva de precedente) que debería estar en un dramático peligro de extinción.

Hace unos días hablando con un compañero, entrenador de un equipo de regional, me comentaba que se encontraba decepcionado porque estando el equipo en una situación delicada en la tabla, acababa de recibir una llamada de su capitán comentándole que no podría asistir al entrenamiento de esa tarde porque debía quedarse con su pareja que tenía fiebre. En un principio, lo que cualquier persona vería como un acto solidario y de buena voluntad lo interpreto como una falta de compromiso con el equipo y una motivación deficiente como futbolista. Y me explico. Pueden existir casos en los que debido al estado de salud de una persona allegada nos hayamos de perder un entrenamiento, pero entiendo que este caso no es de la suficiente gravedad como para no asistir a una sesión de trabajo. Ejemplos como éste son comunes a lo largo de una temporada en algunos equipos de fútbol y denotan claramente el nivel de exigencia, sacrificio y compromiso que tienen determinados jugadores y su grado de motivación hacia el fútbol.

En ocasiones, afirmamos de forma gratuita que el fútbol es nuestra pasión, pero estas afirmaciones no solo deben expresarse sino que deben ir acompañadas de comportamientos y hechos que sitúen realmente al fútbol sino como nuestra máxima prioridad en la vida en una escala no mucho menor. Se hace difícil encontrar un equilibrio, en algunas categorías, entre las diferentes prioridades de algunos jugadores y el concepto de equipo que tiene el entrenador u otros compañeros de vestuario. Para muchos el fútbol se encuentra como cuarta o quinta opción, por lo que estos jugadores tienen una limitación a nivel de sacrificio y de motivación y no dan su máximo rendimiento simplemente por que no están dispuestos a hacerlo. Gestionar esto en equipos amateurs no es fácil y muchas jornadas afecta al rendimiento del grupo en competición. Recuerdo hace algunas temporadas, en una situación similar a la de mi compañero, que unos de mis jugadores me comentó a final de semana que no podría asistir al partido porque tenía un bautizo. Reconozco mi profundo ateísmo y el nulo sentido que le encuentro a las tradiciones de la iglesia pero, igual que el motivo con el que empezaba el artículo, no me parece una situación como para perderse un partido oficial, algo que limita a cualquier jugador que aspire a convertirse en futbolista a alcanzar determinados objetivos o llegar a determinado nivel. Entiendo que uno debe comportarse y exigirse acorde a aquello que quiere llegar a ser y no excusarse en el argumento de que ya me exigiré más cuando llegue.

La motivación viene determinada por el compromiso del deportista con su actividad, por tanto el nivel de compromiso que uno mismo adquiere con su propio rendimiento y con el equipo será equivalente, en gran medida, a su grado de motivación. A nivel cotidiano, se refiere al interés del deportista por la actividad en si misma y su consiguiente gratificación, más allá de los logros deportivos, por lo que si la actividad le supone una gran satisfacción priorizará ante otras y sino es así esas otras prioridades se antepondrán tarde o temprano relegando al fútbol a un plano inferior a otras actividades con la consecuente limitación a nivel de rendimiento y progresión. En algunos momentos deberíamos mirarnos a los ojos delante de un espejo y preguntarnos hasta donde estamos dispuestos a dar y qué es realmente lo que queremos. Y es tan respetable que el fútbol sea la primera opción como la quinta, ya que cada uno elije libremente sus prioridades en la vida, pero entonces se debe ser consecuente con ello y no exigir después una presencia en el equipo no acorde con el nivel de compromiso ofrecido, entendiendo que cuando alguien se queda estancado en un determinado nivel, la mayoría de veces, es porque uno mismo no quiere más y no porque los elementos o la mala suerte hayan limitado sus objetivos.