Archive for noviembre, 2011


La mejor escuela

El proceso de aprendizaje de un futbolista es largo y tiene numerosas etapas. El ciclo formativo de los jóvenes jugadores es la base de cualquier jugador de fútbol y, como en cualquier profesión, los primeros años de aprendizaje son claves en su futuro. Las escuelas de fútbol tienen una gran importancia ya que además de despertar en los chavales el amor por este deporte los empieza a pulir y los dota de fundamentos del juego y valores como el compañerismo, en una edad en la que los chicos son esponjas y absorben con facilidad las diferentes enseñanzas tanto a nivel deportivo como personal.

Pero existe una asignatura algo olvidada en los últimos años que no suple una escuela de fútbol y que aporta a los futbolistas ese talento que no todos tienen. La calle es la raíz de cualquier buen futbolista. Las horas de calle con un viejo balón y una superficie de tierra irregular aporta a los chavales esa adaptación a las diferentes situaciones de improvisación que tiene el juego real y que no te dan los conos ni el césped artificial. Los partidos con chicos de  mayor edad despierta ese talento y mejora técnica para poder superar  su mayor poderío físico. El juego en una pista de hormigón a la hora del patio con tres o cuatro partidos, cada uno con su respectivo balón y solo dos porterías compartidas es el mejor circuito de técnica para aprender a dominar las superficies de contacto, los diferentes recursos con el balón y la visión periférica; es sin duda el mejor ejercicio de conducción y de zigzag. La calle, como a los buenos artistas,  da a los futbolistas ese punto de madurez, de distinción y de picardía que no te dan las escuelas; no beber de esa fuente limita a la hora de competir y vivir el juego.

El trabajo de las escuelas es importante pero me quedaré siempre con esa especie, cada vez menos frecuente, de futbolista que aprendió a jugar en la calle. Y es que si se llega a edad cadete o juvenil y no se han roto unos cuantos pares de zapatos y pantalones ni se ha llegado a casa con los calcetines manchados de la sangre que desprenden las rodillas, como futbolista falta lo más importante.

Anuncios

El futbolista invisible

Todos los entrenadores sabemos de la importancia de ese perfil de jugador que pasa desapercibido para mucha gente pero que hace un trabajo impagable por y para el grupo. Ese jugador agradecido, de perfil discreto e inmensas dosis de trabajo y sacrifico. Aquel que está en un segundo plano mediáticamente hablando pero que es insustituible y acaba siendo un fijo en todas las alineaciones. Un jugador invisible para muchos e imprescindible para todo entrenador.

Aunque existe otro perfil similar de jugador invisible que, aunque ambos poseen ciertas similitudes, no es exactamente el que acabo de definir. Me refiero a ese jugador de perfil discreto también que no solo pasa desapercibido para el entorno del equipo sino que no es un fijo en el once titular. Un perfil de jugador en fase de formación que durante temporadas juega un papel secundario  y es el suplente o empieza siéndolo de uno de los jugadores de más calidad del equipo. Ese futbolista con mentalidad férrea y rendimiento diésel que siempre está ahí y que va progresando y creciendo sin hacer excesivo ruido desde la suplencia, asumiendo su rol sin dar problemas ni pedir explicaciones y teniendo una actitud siempre ejemplar. Y que un día se despierta. Y ese día llega a ser lo que tanto tiempo lleva soñando. Un día empieza a crecer lo que durante años de discrección ha ido sembrando y se convierte en lo que solo él había creído. Y ese día empieza a adelantar a muchos de los que antaño le quitaban el puesto, empieza a destacar sobre aquellos que temporadas atrás tenían más protagonismo que él,  y empieza a llevar el número de la camiseta que siempre deseó y que antes era casi una utopía.

Hasta que un día el míster del primer equipo decide contar con él. Y nuestro jugador invisible sin hacer ruido y con gran lealtad ha llegado donde muchos tenían preferencia hace algún tiempo. Nuestro jugador se ha hecho futbolista con honradez y trabajo ocupando un sitio que en la gran mayoría de quinielas pertenecía a otros. El chico discreto y de nivel notable durante temporadas ha aventajado a los mejores de su promoción en una perfecta y constante carrera de fondo con un espléndido y justo sprint final.

Sabio consejo

Hace unas temporadas hablando con un conocido entrenador de la élite me decía que los jugadores te acaban respetando y valorando por tus conocimientos. Aquella frase se me quedó grabada. Los entrenadores somos gente que vivimos siempre en el ojo del huracán y a los que nos cuelgan con facilidad diferentes etiquetas. Cualquier persona opina y tiene su propia verdad acerca del deporte más subjetivo que conozco. El fútbol es probablemente el deporte con más ‘técnicos’ en la grada por metro cuadrado. Siempre he creído en la capacidad de adaptación, en conseguir un equilibrio en cualquier ámbito de la vida y en saber aislarte de todo aquello que no te aporta nada productivo a tu trabajo. Por eso, haciendo caso al consejo que un día me dieron cuando cogí la maleta para ir a otro país a ver métodos de entrenamiento y hablar con auténticos profesionales, tengo claro cual debe ser el camino y el proceso de cualquier entrenador: aprender y reciclarse a diario estudiando, viendo y analizando fútbol y guiarse únicamente por la opinión más objetiva de todas y la más creíble para saber si tu trabajo está bien hecho, la opinión que los jugadores a los que has entrenado o entrenas tienen de ti.

Sentimiento de equipo

“Cuando trates con otras personas, recuerda que los seres humanos no somos criaturas de lógica, sino criaturas de emociones”.

Dale Carnegie.

Hay muchas formas de definir un equipo, pero éste significa mucho más de lo que pueda expresar cualquier definición. Según la Real Academia un equipo es “en ciertos deportes, cada uno de los grupos que se disputan el triunfo” o un “grupo de personas organizado para una investigación o servicio determinado”.

El verdadero equipo comienza a gestarse cuando cada una de las personas que forman el grupo entienden que sus intereses y objetivos individuales son más fácilmente alcanzables entregándose con generosidad a un bien común, el cual hace que sus fuerzas se multipliquen y juntos puedan llegar a cotas mayores, inalcanzables por si solas o de forma fraccionada.

El auténtico sentimiento de equipo empieza a percibirse cuando los miembros de un colectivo adquieren el firme compromiso de unir esfuerzos y motivaciones personales para caminar juntos hacia una misma dirección. Cuando más allá de la jerarquía del equipo todos los componentes del grupo se sienten útiles e importantes sea cual sea su función y todos conviven en una perfecta fusión.

Los verdaderos equipos empiezan a alzarse en el momento en que empiezan a fluir las emociones de todos y cada uno de ellos y se entrelazan formando fuertes vínculos.

El equipo llega a la cima cuando los componentes del colectivo se entregan a una misma finalidad desde el corazón. Llega a su máxima expresión cuando la convivencia es solidaria y cada uno da lo mejor de sí mismo por convicción y expresando su verdadera esencia. Cuando se disfruta dando y recibiendo sin límites. Cuando uno se duerme con las caras de euforia o de dolor de los suyos tras los buenos o malos momentos. Cuando nos vaciamos en una causa común y ésta nos atrapa de tal manera que nos entregamos a ella sin esperar nada a cambio más que nuestra propia libertad.

Tener el control

Para tener el control de un partido de fútbol es importante que un equipo se haga con la posesión del balón. Pero los partidos se ganan perforando la portería contraria y, por tanto, la mayor posesión de pelota debe verse reflejada en el marcador. ¿Qué sucede si teniendo más tiempo que el adversario la pelota no se consigue tener profundidad y el adversario con mucha menos posesión consigue una opción de gol cada vez que recupera el esférico?, ¿quién tendría el control?. Si la posesión tiene verticalidad, una circulación de balón rápida y genera ocasiones de gol es una buena, práctica y estética propuesta. Por contra, si ésta es previsible y sin profundidad no siempre es vistosa y resulta ser una propuesta poco efectiva.

El principal objetivo, independientemente de la propuesta, debe ser tener el control del partido. Y para ello además de tener el balón más tiempo que tu adversario debes saber administrarlo mejor y generar más opciones de gol. Por ello, en un fútbol como el actual con muy poca pausa entre las transiciones defensa-ataque y ataque-defensa entiendo que el control de éstas últimas es tan importante o más que el control de la posesión. Hoy día la gran mayoría de equipos están bien organizados defensivamente y el tiempo entre la pérdida de balón y la organización defensiva de un equipo es un buen momento para sorprenderlo y generarle una ocasión de gol. Por el contrario, se hace mucho más dificultoso romper esa organización cuando el equipo está ordenado. De la misma forma que tras una pérdida debes ser capaz de organizarte rápido mediante el repliegue, la presión al poseedor del balón o ambas cosas para evitar que el contrario se aproveche de esa situación con una rápida transición defensa-ataque. Algunos equipos, con un nivel técnico muy alto y grandes individualidades son capaces de romper fuertes entramados defensivos con regularidad, pero la mayoría de equipos de cualquier categoría consiguen un porcentaje de goles mucho más alto en acciones rápidas o a balón parado que de ataque organizado. Incluso aquellos equipos que basan su juego en la posesión y largas jugadas de ataque para llegar a zona de finalización acaban ganando muchos de sus partidos por acciones a balón parado o por una individualidad de alguno de sus jugadores.

Sin duda, la mejor propuesta es dominar todas las facetas y tiempos del juego y saber elegir la mejor opción en cada momento. Pero en un fútbol veloz y trabajado como el actual tener el control de las transiciones y dominar los tiempos de cierre y presión tras la pérdida y de ataque rápido y vertical tras la recuperación  garantiza un buen control de la situación y en muchos casos del marcador. Si además de controlar este aspecto consigues tener más tiempo el balón en tu poder el control del partido es total.

La soledad del entrenador

La pelota esta tarde ha tocado más veces la red adversaria que la propia. Tras el pitido final por parte del árbitro se oyen aplausos y halagos. Antes de entrar al vestuario algunos directivos esperan al entrenador y lo felicitan y abrazan por la victoria conseguida. Al entrenador lo esperan a la salida del estadio y recibe las muestras de afecto y la felicitación de los allí presentes. Ya de camino al coche el móvil suena y recibe varias llamadas y mensajes de felicitación. El míster regresa a casa visualizando mentalmente algunos lances del reciente partido y las horas posteriores transcurren en un ambiente de falsa heroicidad y de satisfacción por el trabajo bien hecho y por la consecución de la victoria.

Pocos días después  la pelota es más caprichosa y esta vez toca más veces la propia red. Al final del encuentro se escucha un turbio runrún y algún tímido silbido. Al entrar al vestuario no coincide con nadie, solo con los exhaustos y abatidos jugadores a los que anima y felicita por el esfuerzo. Se despide de ellos y del cuerpo técnico y sale del campo. De camino al coche hay un silencio sepulcral solo roto por un empleado del campo que se despide de él tímida y cordialmente. Nadie más se cruza en su camino. El móvil no suena. El míster vuelve a casa cabizbajo y pensativo en un clima de culpabilidad y de responsabilidad por la derrota.

Horas más tarde del pitido final el relajante ruido de las olas ayuda al míster en su reflexión. Éste consume una lata de cerveza y digiere su estado en soledad. Ahora sí suena el teléfono… en casa preguntan si esta noche lo esperan para cenar.